Tres cuentos de Ana Nicholson

Choche se llamaba Jorge. Le empezaron a decir así en la primaria porque los amigos de su hermano Alex decía que estaba bien chichón. Era un güey muy alto y muy gordo, con la nariz chiquita. Siempre traía la ropa manchada de sudor y siempre tenía la cara roja. Usaba unos lentes como de goggles y puras camisetas de super héroes. Hablaba mucho, citaba a Los Simpsons mucho. Decía chistes cada cinco minutos que nunca a nadie le daban risa, pero él se reía solo y hasta se le salían puercazos. Era el tipo de güey que veías jugando Magic con niños de secundaria. Alex era su hermano menor. Tenía cara de buena gente y sonrisa de ganador. También era alto, moreno, ojo claro. puro diez en todo, era el primero en organizar las colectas cuando había damnificados por algún huracán o temblor. Todas las tías y las vecinas le presentaban a sus hijas o a sus sobrinas. Tenía las novias más guapas. Lo iba a comprar el Morelia antes de entrar a medicina y, aparte, entrenaba a los Pumitas los fines de semana. Todo el mundo pendejeaba a Choche y los que más lo chingaban era la bolita de amigos de Alex. No lo bajaban de cacha sapes, paga Fantas, le levantaban la playera y le decían “A ver, enséñanos las chichis ¡Chichis pa’la banda, chichis pa’la banda!” aunque Alex siempre les decía que le bajaran de huevos y lo rescataba. Cuando crecieron, A la primera, Alex entró a medicina en la UNAM, y después estudió para ser pediatra. Choche primero entró a administración de empresas en una universidad como la ICEL, pero se salió y después decidió estudiar actuación.

   Nayeli y Choche se conocieron porque Alex le había conseguido un papel en el corto de unos de sus amigos y ella trabajaba de asistente de producción. Nayeli no medía más de metro y medio, tenía los dientes bonitos y pecas. Usaba vestidos con florecitas, llegaba a los rodajes en bicicleta y se reía de todas las bromas. Todos los que trabajan en el corto hablaban de ella, decían que estaba buenísima, que se la querían coger. Choche se enamoró de ella en cuanto la conoció. En el corto él salía sólo cuatro segundos de una toma, vestido de mujer, con un brasier morado y embarrándose un pastel de crema en la cara. Cuando filmaron la escena, todos se cagaron de risa hasta las lágrimas. A Nayeli le dio muchísima lástima.

   Empezaron más o menos en la fiesta de wrap del corto. Nayeli se sentó sola en un sillón mientras todos los del corto se le acercaban a intentar ligársela. Uno tras otro le contaban que escribían para Noisey, que eran amigos de los LNG/SHT o que tenían una marca de cerveza artesanal. Ella se hartó y cuando estaba por irse sin despedirse de nadie vio a Choche solo en un lugar medio oscuro y se acercó a hablarle. Choche dijo que las aguaslocas de la fiesta estaban más pegadoras que la llamadara Moe y Nayeli escupió de risa. Siguieron hablando de Los Simpson, después de cine y después de pendejadas. Ella le dijo que de niña quería ser actriz y que le gustaba mucho la repostería. Después los dos hablaron de cuánto les cagaban todos los de producción. Al día siguiente, Nayeli lo agregó a Facebook y empezaron a hablar diario. Se recomendaban películas y libros.

  Un día, Choche la invitó al cine y empezaron a salir. Iban por pizza, a Coyoacán o a la Cineteca. Cada vez que se veían Choche le llevaba un dibujito, una revista o cualquier cosa. Nayeli pensaba que nunca había salido con alguien que le pagara todo, que le abriera la puerta o que le acomodara la silla sin acosarla o besarla después de hacerlo. Estuvieron así por casi seis meses; un año y nunca se tocaron ni una mano. Una noche, Nayeli lo invitó a su casa a ver películas de Noah Baumbach. Ella se quitó los zapatos y con su pie acarició el tobillo de Choche. Choche respondió la caricia tocándole suavemente el empeine y los dedos. Comenzó a desvestirle el pie lentamente como si le estuviera quitando la blusa. Cuando el pie quedó desnudo y el calcetín cayó al piso, Nayeli lo besó. Esa noche Choche perdió la virginidad. A la mañana siguiente los dos se confesaron su amor y él le dijo que iba a hacerla la mujer más feliz del mundo.

   Para sorpresa de todos, Choche y Nayeli se casaron antes que Alex y su novia. Choche pagó toda boda con la tarjeta de sus papás y, después, para rentar un departamento en la colonia Narvarte, le pidió dinero a Alex. Para pagarle una carrera de Chef Pâtissier a Nayeli y amueblar la casa con los muebles vintage que a Nayeli le gustaban se empezó a endeudar con tarjetas, que pagaba sacando otras tarjetas. Al principio él buscaba jales de actuación, pero no le salía nada y empezó a trabajar de todo. De jala cables, tomando stills, luego en el sushi de un asistente de dirección, pero ganaba una mierda. En un punto ,Alex le consiguió un trabajo en el despacho de un amigo suyo arquitecto y ganaba más o menos bien, pero un día Nayeli fue a llevarle lunch a la oficina y el arquitecto le estuvo tirando la onda todo el tiempo que estuvo allí y él dejo de ir sin decir nada.

   Choche se quedó pelón más o menos cuando Nayeli le dijo que no quería tener hijos hasta que se sintiera económicamente estable. Engordó mucho más y dejó de contar sus chistes. Estuvo un par de meses sin trabajo y hasta el cuello de deudas, cuando Alex decidió hacer algo para rescatarlo. Entre él y los hermanos de su novia arreglaron la cochera de la casa de sus papás en un ciber café para que Choche lo administrara, pero te juro que el lugar tenía abierto menos de medio año cuando lo asaltaron. Dos tipos cerraron las puertas y tiraron a patadas a Choche. “Órale pinche, marrano, cáete con todo el varo de la caja y júntanos todas las compus, pinche gordo”. A Choche le dio un ataque de risa nerviosa y se salió uno de sus chistes: “No, no, no, este lugar es de mi hermano. No te puedo dar se su varo. Si fuera mío les prestaba las compus para que vieran el final de Evangelion hasta que le entendieran”. Uno de los tipos le dio un puñetazo a la mitad de la cara y le rompió los lentes “¿Te vas a reír, pinche gordo marrano? Esto no es broma, pinche cerdo gelatino” Todos se rieron, uno le pateó el cuello y lo desmayó. Los güeyes sacaron lo que pudieron y se fueron. Después de eso subió veinte kilos, no quiso volver a trabajar en el ciber, dejó de salir a la calle. Lloraba toda la noche mientras se comía todo lo que había en el refrigerador. El teléfono de su casa no paraba de sonar de llamadas del banco para cobrarle las deudas.

   Nayeli se hartó de todo, dejó la escuela y decidió que deberían mudarse a Canadá para empezar de nuevo. Él al principio no quería, pero cuando ella le dijo que Canadá era un buen lugar para tener hijos se animó y se fueron. En Montreal, Nayeli consiguió pronto trabajo en la cocina una pastelería. Choche decía que salía a buscar trabajo, pero en realidad se metía al Tim Horton’s a comer donas que pagaba con el dinero que Alex les había prestado para que se fueran. Cuando llegó el invierno, lo puso peor el frío, dejó de salir a buscar trabajo, temblaba y estaba en la casa llorando y comiendo todo el día. Nayeli consiguió que Choche fuera el niñero de un perrito que se llamaba Jack y era de unos viejitos que iban pasar las vacaciones en Puerto Rico. El perro odiaba a Choche, le ladraba si se le acercaba y se le aventaba a mordidas si lo quería tocar, pero a ella le habían ofrecido irse a Toronto a una feria de repostería y no lo quería dejar solo. El viaje duraría solo una semana y le darían buen varo. Dejó el refrigerador listo y a su marido con el perro.

  Los primeros cuatro días él le rogaba por teléfono que volviera. Le hablaba cada media hora, le decía que la tormenta de nieve había llegado a la ciudad, la peor en cien años, y que mejor se regresaran a México. Ella le contaba de las galletas que le iba a llevar y se calmaba. Hasta que de repente él le dejó de marcar, ella le llamaba pero él no contestaba. Estuvo todo el resto de la semana llamándole sin respuesta, preocupada por no conocer a ningún vecino a quien pedirle que fuera a buscarlo. Cuando llegó a su casa se dio cuenta de que la puerta estaba abierta sin seguro. Lo primero que vio al abrir fue que por todo el departamento había huellas de sangre. Nayeli empezó a gritar de miedo, a gritarle a Choche “¡Amor, amor! ¿dónde estás?” Siguió las huellas hasta la cocina y ahí lo vio: Choche en calzones con la cara llena de sangre, parado enfrente de una olla con partes del cadáver de Jack el perrito. Había pedazos de pelo ensangrentado hasta en el techo. Cuando vio a Nayeli sonrió y fue corriendo a abrazarla y le gritó esto literal: “¡Amor, esto no es lo que parece! ¡No podía salir por la nieve! ¡Me estaba muriendo de hambre! ¡Me comí las plantas de las macetas, me comí el popurrí del baño! ¡Amor, no había nada más que comer, si salía al la calle me iba a morir congelado!” Nayeli se salió en chinga, cerró el departamento con llave por fuera, corrió hasta la calle y habló por teléfono primero a la policía y después con Alex. Alex la tranquilizó y le dijo que en ese momento, aunque estaba en cirugía, se iba para allá a arreglar todo.

   A Choche lo agarró la policía y antes de deportarlo lo internaron en una cárcel como un psiquiátrico. Cuando llegó Alex a verlo lo encontró todo drogado, más gordo que nunca, con la boca medio abierta, cerrando los ojos como con tics nerviosos. La batita delgadita que le pusieron le apretaba y el pecho de verdad se le veían como chichis que le temblaban cada que apretaba los ojos por los tics. Alex abrazó a su hermano y le dijo que todo iba salir bien, que él se iba asegurar que sus amigos doctores lo atendieran bien, que lo iba a regresar a México y que iba a ver como le hacía para que no lo dejaran más tiempo en la cárcel. Le dijo que hasta iba a intentar que Nayeli no lo dejara. Le dijo: “Pero, Jorge, tú tienes que poner también de tu parte” Ahí Choche como que recobró la conciencia de donde estaba y se soltó a llorar y lo abrazó. Y Alex le dijo “Yo sé, Jorge, que siempre nos han comparado a los dos, que has vivido bajo mi sombra y aunque intentas e intentas ser como yo, todo te sale mal. Vas a ver que sí se puede. Cuando Nayeli te dejé, yo no te voy a dejar caer. Es más, cuando todo esto se arreglé, ya en México, ponemos un negocio o volvemos a abrir el ciber”. Y entonces Choche le soltó el abrazo, lo agarró de la cabeza, le hizo como una llave y antes de que los guardias pudieran inyectarle algún sedante Choche estaba azotándole la cabeza en piso y gritándole “¡Cállate, pinche gordo, gelatino! ¡Chinga tu madre, pinche marrano!” Después le puso la cabeza en medio del pecho y le dijo “¡Mira ,pendejo, tócame las chichis, tócame las chichis! ¡Te odio, pinche gordo, pendejo, te odio!”. Pinche Choche salado.

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Paula

Paula entra a la casa. Él le sirve un café, se sientan, charlan. Él se sienta más cerca, le dice del libro que está leyendo: Los guardianes del edén. Con cara grave, le cuenta escenas muy explícitas de lo que hacían a los niños,  y después con algo que Paula que sabe que es cara de quien contiene una risa. Ella se siente muy cansada, ve las cosas con bruma. Hace muchos días que no duerme. No sabe si todo lo que está pasando es verdad y se asusta. Paula se levanta sólo para cerciorarse que es más alta que él, que ahora es más alta que él. Ella va al baño y él la sigue hasta allí. Él se acerca mucho a la puerta, la mira por la rendija y le sigue contando del libro: “No sabes las porquerías, las cosas que les hacían a los niños.” Es el diablo, Paula, sabe que es el diablo y ella es más alta que el diablo. Sale y lo empuja con la puerta. En el piso le patea la cabeza una y otra vez. Lo ve con forma de diablo quieto por un momento y cuando vuelve a moverse toma una estatua pesada que había en una mesa y lo golpea en la cabeza. Una vez, muchas veces, hasta que brota sangre. Paula vuelve al baño, se limpia la sangre de la cara y después entra al cuarto del diablo y se cambia con ropa que huele a él.

   Sale de la casa, llega a una esquina que es parada de autobuses, aborda un microbús y se sienta hasta adelante. Luego de un rato entran dos hombres. Uno camina casi corriendo hasta el final del microbús, el otro se queda parado enfrente y mira intensamente el escote de Paula mientras se rasca la bragueta. El hombre del final del microbús se recarga en la puerta del fondo, la cierra manualmente y le dirige un chiflido al hombre de enfrente. Este desvía su mirada del escote y comienza a hablar fuertemente: “Sí, mire, nosotros acabamos de salir de reclusorio, bien podríamos estarlos asaltando, robando, pero el día de hoy venimos pidiéndole una ayuda de lo que sea su voluntad. Nuestra hermana está en cancerología y con lo que guste cooperar ya sea un peso, diez centavos ya es una ayuda. Que pasen bonito día” Se acerca Paula y ella rápidamente saca de su bolsa todo el dinero que encuentra, el hombre toma le dinero y le roza el escote viéndola a los ojos. Pasan fila por fila en el microbús recogiendo el dinero que todos desembolsaron con la prontitud del miedo. Los dos hombres descienden del camión.

   Paula se mira las manos, le tiemblan, mira en el espejo redondo del microbús y no sabe si el reflejo que la mira es en realidad ella. Al llegar a su parada y sale del microbús. Llega a su casa, empuña sus llaves, sube las escaleras de su edificio rápido, entra cierra primero el cerrojo de arriba, después el otro y pone el botón. Se quita los zapatos, entra su cuarto y cierra también esa puerta con seguro. Prende la televisión. En las noticias la historia de una mujer que viajaba en un camión de pasajeros y fue violada. Pasan un video que tomó la cámara de seguridad. Muestran la cara de la mujer violada, tiene un collarín y un ojo morado, después, después hace un close up a la cara del asaltante. Paula apaga la televisión.

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Meet and greet

Melina lo ve sin parpadear, cerrar los ojos un segundo es perderse de su belleza. Piensa: el color de sus ojos es caleidoscópico. Alex se toca el pelo engelado, termina y dice: Bueno, eso es todo, señores, muchas gracias. Podemos hacer una ronda de preguntas y respuestas y al final un meet and greet. Nadie dice nada. Dos parejas se salen. Sólo Melina se para a aplaudir, cuando ella acaba el moderador rompe el silencio: Bueno, eso es todo. Pasen a la mesa si quieren un autógrafo. Todos salen, pero Melina se le acerca con su libro desgastado. Se le acerca mucho, demasiado, es que quiere contarle los dientes ¿Cómo te llamas, amiguita? Me-me-ma-mariana. Alex firma el libro y ella se lo arrebata. Se va sin darle las gracias. Melina se sube a su carro. Espera que Alex se suba al taxi. Lo sigue hasta su casa y duerme toda la noche en el piso de su entrada. Sólo quiere saber a qué le huele el cuello por la mañana.

—Ana Nicholson

 

 


Ana Victoria Nicholson Leos (Colima, Colima, 1988). Formó parte de la antología de cuentos LADOS B de NitroPress en el 2014. Seleccionada para formar parte del Diplomado de Escritura Creativa por parte del Instituto Nacional de Bellas Artes en la Universidad de Colima en 2016. Maestra tallerista del taller de escritura creativa del Instituto Municipal de la Cultura de Manzanillo del 2015 al 2016, edición de la antología de cuentos obtenidos del taller antes mencionado titulado Letra Húmeda. Seleccionada en la antología 11 navajas por parte de la revista Tierra Adentro en el año 2016. Publicación de minificciones seleccionadas para la revista Tierra Adentro edición 220 del año 2017.

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