Avengers: Endgame

 

 

 

por Alberto Villaescusa

 

 

(Avengers: Endgame; Anthony Russo & Joe Russo 2019)

Supongo que no hay forma de hablar de Avengers: Endgame, la película en la que culmina el universo cinematográfico de Marvel (o por lo menos una etapa de él), sin primero discutir el fenómeno cultural en el que la franquicia se ha convertido desde el estreno de Iron Man: El hombre de hierro en el 2008. Es un fenómeno más grande que cada entrega individual y que ha permitido a la mayoría de ellas conquistar la taquilla mundial aun cuando ninguna ha sido verdaderamente extraordinaria en términos cinematográficos.

   En la creación de este fenómeno juegan numerosos elementos. El primero es el reconocimiento de marca proporcionado por el nombre de Marvel y la larga y celebrada historia de sus personajes en el medio de los cómics de superhéroes; esto le basta para ser una propiedad codiciada en un Hollywood que ahora más que nunca prefiere apostar por lo seguro. No obstante, el reconocimiento de sus personajes por sí solo no explica que una película estelarizada por relativos desconocidos como los Guardianes de la Galaxia pueda superar a una con figuras tan familiares como Batman o Superman. 

   El reconocimiento ayuda a conquistar el primer fin de semana, pero los personajes que vemos en pantalla tienen que además ser entrañables para que el público regrese las semanas necesarias para cruzar la cada vez más común barrera de los mil millones de dólares alrededor del mundo. Esto fue lo que hicieron las primeras entregas del universo de Marvel, sobre todo Iron Man y Capitán América: El primer vengador de 2011. Las cintas debut de sus respectivos personajes entendieron qué era lo que hacían admirables pero también humanos a Tony Stark y Steve Rogers, y llenaron sus zapatos con dos actores hábiles y carismáticos. Es cierto que estos dos se terminaron convirtiendo en los personajes de cabecera de la serie, pero a medida que el universo a su alrededor creció, el productor Kevin Feige y su amplio (si no muy diverso) gabinete de directores ha sabido rodearlos con un masivo elenco con caracterizaciones bien delineadas y actores talentosos (y con agendas libres) cuyas aventuras igualmente convocan el público a las salas.

   No menos importantes para el éxito de este proyecto han sido el francamente ambicioso y sin precedentes experimento de conectar todas y cada una de sus entregas dentro de una misma continuidad (de ahí el término “universo”) y el agresivo control de calidad ejercido sobre ellas desde el lado de la producción. Esto ha convertido a cada una, no sólo en un estreno de alto presupuesto con un garantizado nivel de acción y humor, pero también en un capítulo dentro de una continua saga, con información esencial para entender lo que estaba por venir. Riesgos menores se podían tomar al momento de decidir qué personajes incluir o qué género cinematográfico imitar, a veces a costa de la voz de los directores encargados.

   Un factor adicional, derivado de todos los anteriores, es el aire de anticipación y secrecía que se ha creado alrededor de cada nueva entrega y que culmina ahora en Avengers: Endgame. Nada que Julian Assange pudiera filtrar al dominio público provocaría tanta ira como un spoiler de esta película. Es entonces difícil escribir una reseña cuando resumir lo que sucede en los primeros minutos o siquiera mencionar actores que aparecen en ella pero no en los materiales promocionales podría considerarse revelar demasiado. 

   En Avengers: Infinity War, el villano Thanos logró erradicar a la mitad de la población del universo con el chasquido de sus dedos gracias a la magia del Guantelete y las Gemas del Infinito. Una sinopsis escueta de su secuela podría decir que Endgame abre inmediatamente después de éste trágico evento y nos muestra a los superhéroes restantes Tony Stark/Iron Man (Robert Downey Jr.), Steve Rogers/Capitán América (Chris Evans), Thor (Chris Hemsworth), Bruce Banner/Hulk (Mark Ruffalo), Natasha Romanoff/Viuda Negra (Scarlett Johansson), James Rhodes (Don Cheadle), Rocket (voz de Bradley Cooper), Nebula (Karen Gillan), y Carol Danvers/Capitana Marvel (Brie Larson) tratando de lidiar con las consecuencias.

   Endgame es dirigida por Anthony y Joe Russo, quienes de las secuelas de Capitán América fueron promovidos a las dos películas cumbre de este universo. Los Russo son, desde un punto de vista técnico, los directores más aburridos a los que se les haya encomendado una película de Marvel. Al mismo tiempo, ningún otro posee tanta familiaridad con las versiones actuales de estos personajes, lo que los hace, para bien o para mal, los mejores candidatos para cerrar la actual fase. 

   Un emprendimiento titánico como Endgame requiere de verdadero talento, y el dúo de hermanos cumple. El tono de la primera y mejor parte de la película encuentra un genial equilibrio entre lo sombrío y lo optimista. Se siente la devastadora derrota que han sufrido nuestros héroes, pero los confiables chascarrillos y chistes (ésta es una película de Marvel, después de todo) hacen que éste masivo grupo de personajes se sienta como una familia aun aferrándose a la esperanza; que lo poco que les queda les basta para salir adelante y que no vale la pena sacrificarlo por la vaga ilusión de restaurar el daño que Thanos ha provocado. Lo trágico de la situación también hace que la película, por instantes, se enfoque en detalles que uno no esperaría en una película de ésta escala: la mirada perdida de Tony Stark en lo vasto del espacio, o el sonido de unas botas haciendo crujir la madera debajo de ellas.

     El guión, a cargo de los veteranos de la franquicia Christopher Markus y Stephen McFeely, llena esta primera parte con la sensación de impulso y agilidad. Aun cuando los superhéroes sobrevivientes no saben qué hacer, cada escena nos lleva con lógica y propósito a la otra y pieza por pieza surge un atrevido plan para reparar el daño que hizo Thanos. Este segmento se aproxima a la majestuosidad y suspenso del inicio de El origen, si Christopher Nolan gustara por fotografiar sus películas en un gris digital en lugar de celuloide y situar la acción en fríos espacios comerciales en lugar de arquitectura imposible.

   La trama de Endgame es legítimamente ambiciosa y elaborada, no (únicamente) una masturbatoria referencia a su propia mitología. Aquí Marvel no trata de introducir variedad a su repetitivo producto disfrazándolo de un género cinematográfico familiar (así como Spider-Man: De regreso a casa trató de ser una comedia adolescente, por ejemplo). Una película como Endgame sólo es posible sobre los cimientos creados por diez años de universo interconectado. Pudiendo irse una vez más por lo seguro, Marvel aprovechó el estatus que miles de millones en la taquilla mundial le proporcionaron para tejer una red narrativa que justifica su masivo elenco. 

     Endgame sabe cómo mover a sus personajes como un experto juego de ajedrez. Dado que éstos son tan abundantes y muchos de ellos hasta entrañables, pocos momentos de sus tres horas de duración se sienten desperdiciados. La película se mantiene fresca porque cada secuencia encuentra una nueva configuración y dinámica entre sus numerosos jugadores. Es incluso emotivo cuando personajes que uno nunca imaginaría ver juntos puede encontrar algo con lo que conectar con el otro.

   Pero aun cuando la técnica narrativa es impresionante, la sustancia se extraña. Hay mucho lugar para la diversión, pero no mucho para la espontaneidad. Y Endgame termina por ser una historia que no está interesada en avanzar el género o sus propios superhéroes que en cerrar los ciclos abiertos por entregas anteriores y hacer referencia a sus relaciones más significativas y los distintos eventos que los definieron. Marvel se duerme en sus laureles.

    Ya sea por intención o pereza Endgame se desenvuelve como una versión espejo de Infinity War. Eventos de aquella película encuentran una variación en ésta entrega, pero también muchos de sus errores se repiten. El clímax una vez más se desarrolla en un ambiente antiséptico y gris, una lástima porque la primera parte por lo menos trata de que su mundo se sienta como uno en el que personas de verdad viven o vivieron alguna vez. Hay un intento bastante obvio de poner al frente el robusto elenco de personajes femeninos que la franquicia ha construido en el transcurso de varios años, pero el gesto es mayormente simbólico y opacado por la forma tan desechable que trata a su heroína más duradera.

    Las películas de Marvel nunca han destacado como cine de acción, pero igualmente se ven obligadas a jugar bajo sus reglas. Esto significa que una parte importante de ellas se les dedica a peleas fotografiadas de manera incomprensible y efectos especiales inacabados. Una consecuencia de esto es que los viajes emocionales de sus personajes terminan siendo apurados o, en el caso de Clint Barton / Hawkeye (Jeremy Renner), ocurren totalmente fuera de pantalla. Endgame se esfuerza por remarcar cómo Bruce Banner y Thor han evolucionado mediante cambios cosméticos que tratan de ocultar lo poco que el estatus quo ha cambiado desde The Avengers: Los vengadores en 2012.

   Avengers: Endgame, tan aparatosa como es, no ofrece nada nada nuevo. Lo que uno esperaba que sucediera después de los eventos de Infinity War sucede. Y sin embargo, es placentero y hasta inspirador ver cómo tantos hilos se unen entre sí. Pero lo que finalmente hace de Endgame una experiencia satisfactoria, más que meramente entretenida, es que de verdad se siente como un final a una historia. Durante mucho tiempo, sentar las bases para lo que estaba por venir parecía ser la única razón de existir de estas películas. Ningún cierre podría satisfacer las expectativas creadas por veintidós películas. Pero Endgame, de alguna manera, lo logró.

★★★1/2

 

Para leer más reseñas del autor, aquí su blog: https://pegadoalabutaca.wordpress.com

Alberto Villaescusa Rico (Ensenada) Estudiante de comunicación que de alguna forma se tropezó dentro de una carrera semi-formal como crítico de cine. Propietario del blog Pegado a la butaca. Colaborador en Esquina del Cine y Radio Fórmula Tijuana

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