Entre Fronteras: desmanes heroicos y equinos en tacones

 

por  Antonio León

Fotografía de Armando Ruiz

 

 

1

—Vámonos al teatro, hermana. No te tardes en la producción, que hoy no te van a descubrir. 

—Siempre he pensado que la danza es lo mío, pero mejor me fui de mecánico.

—Ya apúrate. Ponte los negros de tiritas. No, mejor, ponte los rojos.

— Son dorados. 

—Ah, entonces son tus juanetes, estúpida. 

—Hay poca gente, Esthela, de seguro se enteraron que venías y espantaste al público. 

—Que yo sepa, la jotería vende. 

—Claro, hay muchos ejemplos: el regreso de Madonna, el regreso de Caifanes…

—Vamos a prender el Grindr.

—Se te va a colapsar, está cerca la Facultad de Derecho.

—Ya llegó una buena bola de gente.

—No seas culera, es mi comadre Lancha.

 

2

Es la penúltima jornada del Encuentro Internacional de Danza Contemporánea Entre Fronteras y ha llegado, después de once años de ausencia, la compañía La Cebra Danza Gay. Tres marineros desprendidos de los textos de Jean Genet hacen su aparición sobre un resplandor de pantalones más albo que la leche. 

Que se baila así. Que, mamá, dame cien pesitos porque a Mexicali me voy. Que esta noche es de los chicos de José Rivera. Mamá Cebra, como usted la vio en sendos y heroicos desmanes en tantos escenarios desde 1996, año en que nació y se fue de danza tras cortar el cordón con una aguja de su zapatilla.

 

 

3

Pasen a ver La Cebra, mírenla bailar con un chacal bellísimo, mírenla ahora respirar, que es como bailar pero viendo al cielo. La Cebra Danza Gay nos trae la radiografía de un pueblo de moral doble, con la baza del talento, la belleza y el desparpajo. La selección musical nos pone a vibrar con el tango de Klaus Nomi, el fado de Nina Hagen, el bolero de Daft Punk. Los bailarines llevan furor uterino en las suelas, se vuelven a lanzar sobre las luces, se meten con el respetable y le bufan de puro gozo. Mama Cebra se envalentona y se sube a las cuerdas, nos grita el precio y toma lo suyo, barre con las otras y nos vuelve a entumir la sonrisa. Es una función de pura víscera y las cebras se mueven como placas tectónicas de nuestro desierto; por eso las sentimos cercanas, por eso las sentimos calurosas y nuestras. Querían cebra, ¿no?

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