El oro blando de las rebanadas

 

 

 

 

por Montserrat Rodríguez

 

 

El sol que estás mirando, Jesús Gardea

México, Ediciones Sin Nombre, 2005, 123 pp.

 

 

Jesús Gardea (1939-2000) fue un escritor mexicano que comenzó a publicar sus libros a la edad de cuarenta años. Incursionó en la poesía, la novela y el cuento; siendo este último el género con el cual ganó el premio Xavier Villaurrutia en 1980. 

   El sol que estás mirando es una novela que está en constante diálogo con la luz. La historia toma lugar en Placeres, un pueblo ficticio inspirado en la ciudad de Delicias, Chihuahua, de donde fue originario el autor: “Eran tierras no cultivadas que al gobierno le interesaba rescatar. […] Hace 40 años el paisaje de Delicias era puro mezquite, puro sol y pura tierra”. Así, evocando sus raíces, Gardea creó un espacio geográfico en donde la aridez del ambiente nutrió a su literatura. En consecuencia, Placeres funge como el arreglo de cuentas con la tierra que lo vio crecer; y David, quien es el personaje principal de la historia, funge como el niño que cuenta el pasar del tiempo familiar. 

   El libro está dividido en once capítulos que hacen saltos en el tiempo de manera gradual y cronológica. A simple vista, la novela parece carecer de un argumento contundente; incluso, a medida que se realiza la lectura, se puede tener la sensación de que la trama no termina de revelarse. Es por tal impresión que la crítica llegó a comentar sobre una especie disociación entre lo que se cuenta en sus libros y su preocupación por el cuidado del lenguaje. No obstante, en una entrevista para la revista Tierra Adentro publicada en 1994, el autor hizo referencia sobre dicho debate en torno a su escritura: “En mi literatura hay una tensión del mundo, hay una tensión de cosa que está luchando, batallando a través del lenguaje por salir, por aparecer”. Efecto que se presenta en El sol que estás mirando: la novela maneja una constante tensión sin seguir los esquemas tradicionales del género, pues va decantando la cotidianidad poco a poco. 

   Como ya se mencionó con anterioridad, David relata las reminiscencias de su vida. Esta voz, que nos narra los pormenores desde su mirada de niño, se complementa con la interacción de las voces de los otros; de este modo, se muestra la compleja realidad de Placeres. Es por tal motivo que los diálogos también son un aspecto importante a considerar en la novela: “Por ejemplo, […] uno propone una pregunta en la ficción y dice can; la respuesta será distinta a si el que pregunta dice perro”. Así pues, el autor hizo uso de este recurso para sugerir al lector elementos en la trama que no se leen en la historia. 

   A pesar de que en 1982 Jesús Gardea publicó un libro de poemas, Canciones para una sola cuerda, él no se consideraba poeta. Sin embargo, emplear la luz como elemento central en su libro me parece una motivación bastante poética. El autor construyó su imaginario a través del transitar por espacios oscuros y luminosos de la vida humana; habló desde el temor de lo que no puede verse y desde el calor del sol que interrumpe la existencia. Como consecuencia, Gardea empleó una palabra, templada en la belleza, que acompaña al lector en los momentos en que nada parece estar claro, pero es ese mismo sentimiento de abandono el que conforma la historia subterránea en la novela. 

   El lenguaje del autor tiene la capacidad de sangrar nuestras raíces. Él escribió sobre lo que le dice Placeres, puso la mirada en cada detalle que esta le otorgó; fue el vocero oficial de la poética de las cosas que parecen mundanas. La literatura de Gardea tiene una sutil sensibilidad que le permitió escribir sobre la vida que otros ignoraban, como prueba de esto, en su novela podemos encontrar pasajes que fueron escritos desde su trabajo lírico: “El chofer llevaba el sol de un lado, echado en las piernas como una mancha de lumbre” (p. 120); o también: “[…] su risa sonó débil. Fue como un hilito zarandeado en la luz por la fuerza del aire” (p. 121). Y ya ni hablar del título del libro: El sol que estás mirando es la conjunción de ritmo, sentido poético, habla cercana y el juego con la luz que se destaca anteriormente. 

   Jesús Gardea fue un escritor reservado que disfrutaba más de quedarse en casa escribiendo que de aparecer en actos públicos. Él era consciente de la centralización como modo administrativo del país y aun teniendo en cuenta eso, radicó en Ciudad Juárez hasta el día de su muerte. En la década de los 80, la crítica incluyó su trabajo dentro del grupo de escritores de la frontera norte catalogado como “Literatura del desierto” y, por una parte, hay cierta verdad en la expresión, ya que como decía él: “no es lo mismo escribir en el desierto que escribir en un bosque […]. El desierto no permite el despliegue de los sentidos y en eso se parece a la exigencia de la narrativa que te pide cierto ascetismo, escribir en medio del páramo, lejos de la exuberancia propia de los trópicos” No obstante, esta influencia no representa la única vertiente en el proceso creativo del autor, motivo por el cual él no se sentía parte de aquella etiqueta. En varias ocasiones, Gardea declaró sobre las limitaciones críticas que desde el centro del país homogenizaban al norte, considerándolo más como un factor geográfico que literario. Y es que si leemos a Gardea podemos constatar que su obra está, por ejemplo, más cerca de la de Juan Rulfo que de lo que tradicionalmente se denomina literatura fronteriza: el narcotráfico, la población flotante y la maquila. En realidad, la frontera del autor aparece implícita: en la soledad humana, en la movilidad simbólica del ser; como un niño que nunca olvida el lugar de origen a pesar de migrar a la ciudad; su reminiscencia por el pueblo y la ruralidad nos conecta con la melancolía interior. 

   Jesus Gardea fue un escritor que, hasta la fecha, ha sido poco valorado. El sol que estás mirando se publicó por primera vez en 1981, pero en años recientes, Ediciones Sin Nombre y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes se han puesto a la tarea de reeditar toda la narrativa del autor. Esta es una buena oportunidad para rescatar a una literatura que se mantuvo fiel a sus convicciones, produciendo un trabajo sumamente cuidado. En sus últimos años de vida, la crítica dejó de considerar su propuesta como novedosa debido a su prologando trabajo sobre el pueblo de Placeres. Sin embargo, Gardea continuó reafirmando su libertad creativa, alejando su labor de géneros o etiquetas de la mercadotecnia editorial que, al final de cuentas, no representaban lo que para él era ser escritor. 

Montserrat Rodríguez Ruelas (Tijuana, Baja California, 1993). En 2018 recibió la beca Inés Arredondo para participar en el II Encuentro Internacional 13 Habitaciones Propias. En 2019 obtuvo la residencia de escritura La Güera Trigos por parte del programa Under the Volcano. Obtuvo mención honorífica en el Premio Binacional de Novela Joven Frontera de Palabras 2019 convocado por el Programa Cultural Tierra Adentro. Sus cuentos y reseñas literarias han aparecido en diversas revistas digitales como Rojo Siena, Gramanimia Revista Cultural, Pikara Magazine, Vozed, Vertedero Cultural, El Septentrión, Culturamas y Liberoamérica. 

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