La noche de las nerds

 

 

por Alberto Villaescusa

 

 

(Booksmart; Olivia Wilde, 2019)

La noche de las nerds es una brillante refutación a la idea de que una comedia tiene que ser grosera y ofensiva para hacer reír. No tiene nada de puritana; el sexo y la sexualidad son discutidos y tratados de manera franca y liberal y las drogas y el alcohol son un ingrediente importante como lo son en todas las comedias adolescentes. Pero está hecha con un cálido espíritu de inclusión y poblada por personajes entrañables que se cuestionan los clichés que colorean su idea de lo que es tener esa edad.

   Kaitlin Dever y Beanie Feldstein interpretan a Amy y Molly, dos mejores amigas a punto de graduarse de la preparatoria. Después de dedicar toda su vida estudiantil a sacar las mejores calificaciones y ser aceptadas en las universidades más prestigiosas, las dos se dan cuenta de que sus esfuerzos les han ganado la reputación de aburridas y estiradas y que hasta sus compañeros más flojos y fiesteros tienen un futuro inmediato igual o más brillante que los suyos. Uno consiguió una beca deportiva a Stanford, otro consiguió trabajo en Google y otra, con quien Molly no se lleva particularmente bien, irá a Yale, la misma universidad que ella.

   Considerando que tanto Yale como Stanford aceptan sólo una minúscula fracción de los estudiantes que aplican a ellas, es justo acusar a La noche de las nerds de estirar un poco los límites de la credulidad, sobre todo considerando que Amy y Molly asisten a lo que definitivamente luce como una escuela pública (tendría más sentido desarrollándose en una escuela privada, como 10 cosas que odio de ti). Películas y programas de televisión tienden a exagerar lo fácil que es ingresar a una universidad de la llamada Ivy League, tanto que éste se ha convertido en un cliché en su propio mérito. 

   Los clichés por sí mismos no son ni malos ni buenos, y usarlos como punto de partida, como hace el guión de Emily Halpern, Sarah Haskins, Susanna Fogel y Katie Silberman ayuda a poner en perspectiva lo que una película hace diferente. Y la directora Olivia Wilde (mejor conocida por su trabajo como actriz, haciendo aquí su ópera prima) está menos interesada en crear situaciones realistas que en la realidad emocional de ser adolescente: cómo a esa edad todo parece tener consecuencias de vida o muerte. 

 Wilde utiliza lentes angulares, poca profundidad de campo y un complicado plano secuencia entre otros recursos audiovisuales para transmitir la intensidad con que sus personajes sienten. Cuando Molly escucha de sus compañeros que sus logros no son tan especiales, es como si su mundo si su mundo se hiciera pedazos. Wilde lo muestra con un dolly zoom (un desorientador movimiento de cámara en el que el fondo se encoge o estira mientras el frente se mantiene igual) y una secuencia en cámara lenta en uno de los pasillos de la escuela, convertido en caos absoluto por decenas de estudiantes lanzando globos de agua.

  Después de esta conmoción, Molly decide que ella y Amy irán a la fiesta de Nick (Mason Gooding) donde estarán casi todos su compañeros para demostrarles lo divertidas y atrevidas que pueden ser en realidad. Amy no quiere ir, pero Molly la convence recordándole que Ryan (Victoria Ruesga), la muchacha por la que Amy se siente atraída, va a estar ahí. 

  El camino a la fiesta es enredoso (dado que ninguna de las dos conoce la dirección), y las mete en más de una salvaje aventura poblada por un diverso elenco de personajes interpretado por comediantes reconocidos y rostros jóvenes y frescos. Ninguno captura mejor el alocado espíritu de la noche que Gigi (Billie Lourd), una niña rica cuya mente va de un lugar a otro a increíble velocidad y que se aparece a donde quiera que Amy y Molly van como por arte de magia. Es inteligente por parte de la película hacerla una parte recurrente de la trama (Lourd se roba la pantalla cada que aparece) al mismo tiempo que parece existir en un plano celestial completamente separado de lo que sucede. 

  Pero por más alocada que se vuelvan las cosas, la película es cuidadosa de nunca distraer la atención de lo que verdaderamente importa: la relación entre Amy y Molly. El humor seco de la actuación de Dever contrasta con la intensidad e irreverencia de Feldstein. Esta última, quien saltó a los ojos del mundo como la amiga tímida en Lady Bird, es una revelación como la feroz Molly; cuando dice que va a ser la mujer más joven nominada a la Suprema Corte de Estados Unidos, le creemos. Igualmente convincente es la amistad entre las dos: las dos actrices están claramente en la misma frecuencia, se sienten tan cómodas la una con la otra, perdiendo toda vergüenza e inhibición cuando se ven.

   En lo que a vulgaridades se refiere, La noche de las nerds puede competir con la mayoría de las películas del género. Pero su audacia y filo provienen precisamente de que es una película tan inclusiva. Comedias de los ochenta como Se busca novio de John Hughes o La venganza de los nerds de Jeff Kanew han envejecido pobremente, en parte porque no hay nada transgresivo sobre el acoso a las mujeres del que extraen varios de sus chistes. En el mundo real, es lamentablemente la norma.

  Wilde y sus guionistas buscan humor en el punto de vista de dos muchachas jóvenes que otras películas tratarían como objetos o personajes secundarios burdamente delineados. La noche de las nerds comparte la admiración de Amy y Molly por figuras como la de la juez de la Suprema Corte Ruth Bader Ginsberg y la ex primera dama Michelle y su comodidad con los términos “feminista pro-sexo” y “preferencia” y “performatividad de género”. Uno de sus mejores chistes es sobre un peluche utilizado para asistir la masturbación, parte del reconocimiento y aceptación la sexualidad y autonomía de sus dos protagonistas. Esta perspectiva se nota también en una alucinógena secuencia animada que se burla de los estándares de belleza promovidos por las muñecas Barbie y en la simpatía mostrada hacia el personaje de Annabelle (Molly Gordon), al principio una de las rivales de Molly quien con resignación acepta que sus amigos varones se burlan de su vida sexual a sus espaldas.

  El mundo que la película construye a su alrededor es igualmente comprensivo y progresista; sin carecer del conflicto o las típicas vergüenzas de la adolescencia. Están los padres de Amy, Charmaine (Lisa Kudrow) y Doug (Will Forte), quienes de manera entusiasta, aunque torpe, abrazan el hecho de que su hija es lesbiana. Está el director de su escuela (y más tarde chofer de Lyft), Jordan (Jason Sudeikis), quien les cuenta emocionado su idea para una novela sobre una mujer embarazada que resuelve crímenes guiándose por los movimientos del feto. Y Jared (Skyler Gisondo), cuya fachada de enfadoso niño rico esconde una mentalidad sensible y hasta proto-feminista. La noche de las nerds demuestra lo liberador, inspirador y gracioso que puede ser que personajes que suelen ser ignorados se conviertan en las protagonistas de su propia historia. 

★★★★

 

Para leer más reseñas del autor, aquí, su blog: https://pegadoalabutaca.wordpress.com

Alberto Villaescusa Rico (Ensenada) Estudiante de comunicación que de alguna forma se tropezó dentro de una carrera semi-formal como crítico de cine. Propietario del blog Pegado a la butaca. Colaborador en Esquina del Cine y Radio Fórmula Tijuana.

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