Midsommar: El terror no espera la noche

 

 

por Alberto Villaescusa

 

 

(Midsommar; Ari Aster, 2019)

Las primeras escenas de Midsommar: El terror no espera la noche tienen algo de frustrante y oblicuo, aunque pronto se vuelve claro que los malentendidos y las discusiones que parecen no llevar a nada tienen un propósito. Dani Ardor (Florence Pugh), una estudiante de psicología, acaba de recibir un críptico mensaje de su hermana, quien sufre de trastorno bipolar, y que la hace temer por su vida. Su novio, Christian (Jack Reynor), un estudiante de posgrado, quien tiene tiempo queriendo romper con Dani porque la encuentra demasiado demandante emocionalmente, le ofrece poco apoyo. Pero cuando la hermana de Dani se suicida matando también a sus padres, Christian no ve cómo zafarse. Él es, como diría la frase comúnmente atribuida a Oscar Wilde (la fuente original es probablemente el italiano Gian Vincenzo Gravina), “alguien que te priva de la soledad sin brindarte compañía”.

Ni Dani ni Christian parecen especialmente contentos el uno con el otro, pero ya sea por miedo a la soledad o por un sentimiento de obligación, no deciden separarse. Ella está en duelo y él sigue con su vida al mismo tiempo que trata de ser un buen novio, si bien sólo es para guardar las apariencias. Más que hacerla sentir mejor, busca evadir toda culpa. Cuando ella menciona algo que le molesta, él hace como que no entiende. ¿Está Dani sobreactuando? ¿Le exige demasiado a Christian? Quizá no más que la típica pareja, pero ella parece pensar que así es. Él la manipula hábilmente. Cuando le menciona que él y sus amigos decidieron ir a Suecia a celebrar el solsticio de verano, él decide invitarla para quedar bien con ella. Pero la jugada le sale mal cuando ella no sólo acepta, sino que también cumple la promesa de ir.

 Los amigos de Christian tienen diferentes reacciones. Pelle (Vilhelm Blomgren), quien los espera recibir en la pequeña y aislada comunidad en que creció, está encantado. Josh (William Jackson Harper), quien está desarrollando su tesis de doctorado en las costumbres de la comunidad, parece no tener una opinión al respecto. Y Mark (Will Poulter), el que más le ha insistido a Christian que rompa con Dani y a quien el viaje sólo le interesa por las mujeres y los alucinógenos, está visiblemente molesto. Las cosas parecen mejorar cuando en Hälsingland los reciben cordialmente Ingemar (Hampus Hallberg), el hermano de Pelle, y sus amigos ingleses Connie (Ellora Torchia) y Simon (Archie Madekwe).

  De acuerdo con el director y guionista, Ari Aster, la idea para Midsommar nació cuando un grupo de inversionistas suecos le propuso hacer una película de terror slasher situada dentro de un culto pagano. Los avances y el burdo título en español definitivamente dan esa impresión, y el producto final es suficientemente cercano en espíritu: las intenciones siniestras de la comunidad son no revelar de más. No obstante, hay una escena importante que ocurre temprano en la película que es clave. Después de cenar y recoger flores, los invitados de Pelle se convierten en testigos de un impactante ritual. Parados alrededor del pie de un barranco, huéspedes y anfitriones se reúnen para contemplar cómo los dos miembros más ancianos saltan a sus sangrientas y grotescas muertes. Mark se lo pierde. Connie y Simon quedan horrorizados y quieren irse de inmediato. Christian y Josh, antropólogos los dos, deciden documentar la celebración y su contexto. Pero Dani, aunque no tiene su formación académica y no está preparada para el acto, parece entenderlo en un nivel más profundo. Momentos después, le cuesta procesarlo, pero en ese instante, en la reacción pasiva y de celebración de la comunidad, finalmente parece encontrar paz con su reciente tragedia familiar, y encontrarle sentido al cliché que dice que la muerte es parte natural de la vida.

  El cine de terror y sus numerosas convenciones le dan a Midsommar su estructura. La desaparición gradual de cada uno de los recién llegados es lo que más tiene en común con la película que a Aster le propusieron originalmente. Pero aunque el director se ha convertido en una de las mayores promesas del género desde el estreno de su ópera prima El legado del diablo, su nueva película no parece del todo diseñada con la intención de dar miedo. El verano polar, que permite tan solo unas pocas horas de noche, rompe con los esquemas de un cine típicamente asociado con la oscuridad. Los pintorescos paisajes, colinas verdes, los vivos colores de la arquitectura nativa, las composiciones simétricas y los efectos visuales que usa para sugerir el estado alterado provocado por los alucinógenos, tranquilizan más que aterran.

  No estoy del todo convencido de que Midsommar sea un verdadero paso adelante para Aster. Fuera de Dani, el guión no construye personajes con los que valga la pena involucrarnos, no tanto como la familia Graham de su debut. Y aunque lo odioso de sus turistas estadounidenses puede tener un propósito (en el caso de Christian) o ser divertido (en el caso de Mark, pues Poulter se divierte tanto con su agresiva idiotez), no se sienten como justificación suficiente para sus dos horas y media de duración. Hasta el fin de sus víctimas más inocentes provoca poco o nada de emoción. 

  Pero la película es más grande, más ambiciosa y sugiere una continua fascinación con el diseño y la arquitectura. Y desde el inicio, con un humorístico corte de los pacíficos bosques de Escandinavia al sonido de un teléfono en un vasto suburbio estadounidense, Aster construye la idea de que nuestra vida moderna y urbana está poco capacitada para lidiar con la multitud e intensidad de emociones que nos provocan la vida y la muerte. Lo más aterrador y perturbador de Midsommar es que se puede encontrar más paz y tranquilidad en los gritos de extraños anónimos en un culto mortal que en una relación de tres años y medio (perdón, cuatro años).

★★★★

 

 

 

 

Para leer más reseñas del autor, aquí su blog: https://pegadoalabutaca.wordpress.com

Alberto Villaescusa Rico (Ensenada) Estudiante de comunicación que de alguna forma se tropezó dentro de una carrera semi-formal como crítico de cine. Propietario del blog Pegado a la butaca. Colaborador en Esquina del Cine y Radio Fórmula Tijuana

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