Un largo comentario de un breve evento: Armando Ayala en Bahía de Los Ángeles

 

 

por Asael Arroyo Re

 

El presidente municipal de Ensenada, Armando Ayala, visitó Bahía de Los Ángeles. Ayala tenía que nombrar al delegado de aquí, así que vino, cosa bastante positiva si se considera que en los nombramientos pasados lo único que se hacía era reunirlos a todos (los delegados) en Ensenada y decir, bien, han sido nombrados, en lugar de, como en esta ocasión, venir a la localidad de cada delegado y decir, bien, has sido nombrado. Es decir, la visita de Ayala sí que es un acto de respeto a un lugar como Bahía, marginado por estar a 500 kilómetros al sur de donde se toman las verdaderas decisiones, aunque los efectos prácticos de venir aún no son del todo claros. Y la verdad es que las cosas iban bien en el nombramiento, digamos, bien para lo que puede ser un evento político como éste (en el que estás obligado a escuchar cosas que son todo y nada, como “mejorar la interacción social” o “consumar una representación digna”), en gran parte porque Ayala no tiene el mismo comportamiento robótico ni el sentido de moda priísta de Hirata o la facha patriarcal y autoritaria e inalcanzablemente rica de Novelo o todo eso indefinible y ominoso de Pelayo, sino que se ve como un tipo más natural y más cordial, con un porte atlético típico de la gente que compra ropa deportiva que combina y brilla en las noches, aunque se puede pensar que esto no es ninguna verdadera muestra de originalidad de espíritu sino que ese es ahora el molde con el que todo funcionario de Morena se maneja. En dos palabras: accesible y comunitario. Sospechosamente accesible y comunitario, como si hubiera tenido que hacer planas para creerse que todos debemos trabajar para hacer o ser (no me queda claro si es algo que se hace o es algo que se es) una comunidad. Además de la canción de propaganda que sonaba para rellenar las transiciones entre un discurso y otro, una canción que es una versión monstruosa de “Color Esperanza” de Diego Torres, que, dios mío, ¿acaso es imposible hacer una canción que hable de Ensenada y que no sea al mismo tiempo patética y triste de una manera que te rompe el corazón?, Ayala se refirió a la especie de gira que hacía —Isla de Cedros, el Rosario, San Quintín, entre otros poblados— como un viaje al sur profundo*, un término que hace unos meses me hubiera parecido hasta ocurrente, pero que, tras vivir unos meses en Bahía, veo lo equivocado y arrogante que es, casi igual de estúpido que “Baja Norte” o Baja  (pronunciado en un inglés californiano), pues qué quiere decir profundo y para quién… y viéndolo así Ensenada bien podría ser un “norte superficial”, y que en realidad termina por ser una expresión que señala que lo que está lejos y al sur de Ensenada es salvaje y exótico, como si se tuviera desbrozar maleza para llegar a Bahía, cuando sólo se debe tomar una vuelta a la izquierda desde la Transpeninsular y recorrer 66 km de una carretera pulida y desahogada, y que si de algo en verdad sirve eso del sur profundo es sólo para entender por qué los ensenadenses no somos del todo queridos después de Maneadero o quizá desde Maneadero. O incluso antes.

 

 

 * Un término que bien puede ser de origen norteamericano, el Deep South, o bien de México profundo, de Guillermo Bonfil Batalla, o la versión más probable: de ninguno de los dos.

Asael Arroyo Re (Ensenada, 1990) es licenciado en la carrera de Derechos Humanos y Gestión de Paz, por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Dirige y edita la revista digital El Septentrión. Ha publicado en revistas como Apuntes de Rabona, Pez Banana y Punto de Partida, donde obtuvo, en la edición 49, una mención honorífica en el género de crónica. Ganó el Premio Estatal de Literatura de Baja California 2016, en el rubro de Periodismo Cultural, por el libro Viajes de un ensenadense inocente. Actualmente, estudia la maestría en Antropología Social, en CIESAS Noreste. 

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