[Fenómeno Flash]

 

por Ignacio Ballester Pardo

 

 

Sergio Loo

[Fenómeno Flash]

Elefante Blanco, 2020, México, 91 pp.

 

 

Hace unos días, en el LooFest2020, se presentó el poemario [Fenómeno Flash] (Elefante Blanco, 2020) con motivo del aniversario de su autor, Sergio Loo (1982-2014). El evento, en el que participaron Karen Plata, Rodrigo Flores Sánchez, José Pulido y Maricela Guerrero, supuso una nueva vía para editar y compartir poesía a distancia.

  Al mismo tiempo, Maricela Guerrero, Sergio Ernesto Ríos y Xitlalitl Rodríguez Mendoza son editoras de LooFest, un dossier dedicado al poeta desde la Universidad Autónoma del Estado de México —al igual que el poemario, está disponible de manera gratuita en la red; además de las notas de especialistas —también poetas— sobre la música, el cine, el humor, la narrativa, la historia personal o el engranaje de su poética, se publican poemas inéditos de su primer poemario, Claves automáticos (Harakiri plaquettes, 2006), junto al resto de sus libros.

  Loo, el autor de Sus brazos labios en mi boca rodando (Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2007) y Guía Roji (Instituto Veracruzano de la Cultura, 2012), forma parte del archivo de Poesía Mexa con los que hasta ahora eran sus dos últimos poemarios: Postales desde mi cabeza (UANL, 2014) y Operación al cuerpo enfermo (UANL / Ediciones Acapulco, 2015).

  Seis partes componen [Fenómeno Flash]: «Un hombre cayendo» y el poema de apertura «Primera plana»: «Paisajista», «Polaroids», «Balazos informativos o cómo el fotoperiodismo se volvió fotomontaje para ennoblecer la realidad», «Revelado», «Los álbumes de la madre» y «Imágenes de carne».

 1. El paisajista, cual Cristóbal Colón, traza como sujeto poético la Ciudad de México post post colonial. Los versos, narrativos, se quiebran o se interrumpen por los espacios que vamos encontrando en referencias rastreables y contrapuestas; solapadas en los lenguajes que veíamos en Guía Roji; sin flash]. La sociedad se autorretrata, pero no quiere luces. Buscamos la oscuridad. Queremos ser la penúltima sílaba del paisanaje.

2. El cuerpo construye una realidad. Se privilegia la vista, instantánea, en un momento en el que parecía augurarse la falta de tacto. Una caja de texto se llena con la reiterada frase: «No soy fotogénico» (28-31). Destaca por ello el blanco de los márgenes. Heideggeriano, al final, cierra con «No soy» (31). Recuerdo que hace años hablaban del avance de internet y de lo necesario que resultaba estar ahí (aquí, quiero decir). Quien no tenía un perfil, una red social, no existía. Pienso en ello desde casa.

3. La especulación, el capital, la prosa e incluso el ensayo conforman una serie de retazos sin signos de puntuación: se prioriza la rapidez del lenguaje en contra del que se pierde sin construir una imagen fija. Esta está distorsionada porque es humana.

4. Se revela la no-imagen, es decir, el contexto, el parteaguas que supuso obturar un acontecimiento. Entre corchetes se forma la acotación de lo que no vemos mas imaginamos.

5. Los álbumes de la madre son las páginas plastificadas que encierran intrahistorias memorables cuando nos juntamos en casa sin posibilidad de salir de ahí (a aquí, entre la realidad y la configuración de esta). La familia se compone del tiempo, en redondas, y del comentario que se escucha, se recrea, se conjetura, durante los segundos en los que mantenemos esa página abierta, en cursiva.

6. Durante la infancia, el color carne era el más extraño y siniestro de los lápices (en el sentido freudiano, cuando aún no sabíamos qué significaba este oscuro adjetivo). El sujeto poético se deconstruye en el texto, metalingüísticamente, al terminar uno de los breves poemas con el verbo «soy» (81), en presente. Como aquel personaje de la serie Mad Men, los habitantes se yuxtaponen con su pasado al entrar, en este caso, a una plaza de la omnipresente urbanidad doméstica en carne viva.

  Tres temas componen su obra según el poeta y editor Rodrigo Flores: escritura, cuerpo e imagen. Por su parte, Maricela Guerrero sostiene que el interrogante gira, más que nunca, en torno a lo objetivo y lo subjetivo. Si lo primero no existe, es por el incontrolable contagio de lo segundo. Somos vulnerables y frágiles, aunque nos empeñemos en lo contrario.

  La poesía se ha convertido en algo fragmentario. Las imágenes se suceden, se suman y se arman continuamente. La construcción identitaria, el perfil de uno mismo, el flash como luz que ilumina, porque ciega es la poética de Sergio Loo.

  La cubierta de Julio Lacy, en esta Colección Maldita Primavera, representa de alguna manera el trabajo cooperativo como una imagen de cuerpos que se unen en la contemporaneidad genealógica de lo que nos entra por los ojos. Leerlo y escuchar sobre él son dos experiencias que nutren este mundo que parecía ya acabado. Tienen un adelanto en Periódico de Poesía.

  Por la tragedia descarada que capta desde el ángulo cenital, a la manera de Luis Eduardo García en 121:08 (2020), [Fenómeno Flash] recuerda con palabras tanto al documental del fotógrafo Enrique Metinides, El hombre que vio demasiado (2015), como al cortometraje en el que participa el propio Sergio Loo, Boys on the Rooftop / Muchachos en la azotea (2016).

 

 

 

Ignacio Ballester Pardo (Villena, Alicante, 1990) es doctor en Filosofía y Letras por la Universidad de Alicante, miembro del Centro de Estudios Literarios Iberoamericanos Mario Benedetti y del Seminario de Investigación en Poesía Mexicana Contemporánea. Con Alejandro Higashi coordina el número 23 de la revista América sin Nombre (2018), dedicado a la «Madurez de la joven poesía mexicana». Es autor del libro La dimensión cívica en la poesía mexicana contemporánea: herencia, tradición y renovación en la obra de Vicente Quirarte (Tirant lo Blanch / Universidad Autónoma del Estado de México, 2019). Cada domingo comparte sus líneas de investigación en el blog Poesía mexicana contemporánea.

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