Dos poemas de Edgardo Mantra

 

 

HIEREN LOS HUESOS

La cría más débil de una camada

es la última en nacer,

suele ser pequeña 

y enfermiza

 

la vida no le sonríe,

eso lo sé 

 

algo me quisiste decir

 

con tu mirada 

y abrazos bajo las cobijas 

 

la noche que me curaste 

con jugo de verduras enlatado 

y una maruchan,

cuando fumaste con mis amigos del tianguis

 

o la ocasión que fuimos 

a los pulques en una vespa

y dijiste que te daba miedo ir en motocicleta,

cuando nos sacamos fotos

o al cocinar en la casa llena de humo,

cuando reías fuerte 

y sospechabas que podrías despertar a Manuel,

 

con tus gemidos

esas veces que traías, dejabas o te llevabas ropa,

cuando pintabas caras en una pared de Mayorazgo

 

o al verte caminar de Garibaldi a Ermita 

con la mochila llena de drogas

entre prostitutas 

y policías,

 

sin miedo, con la vena hinchada 

de tu frente palpitando orgullo,

 

cuando no te enojaste después 

de que destrocé tus botas,

cuando me acariciabas

siempre que venías de tan lejos a verme

 

cuando te vi vomitar y te besé,

esa vez 

que pusimos las lenguas en el ojo 

uno del otro,

 

cuando tocaba con mi nariz tu barba

y la vez que lloraste al poner una canción,

cuando perreaste un poquito al escuchar otra

 

y sobaste mis patas

al lamer la herida que tienes en la axila

luego de lanzar una pelota 

que se olvidó bajo la cama

 

tal vez

 

fue ese momento cuando 

intentaste anunciar algo,

 

pero no comprendí si floreció 

un pacto

o una orden, 

 

aunque me desdoble entero,

la verdad 

me cuesta tanto,

no lo entiendo

 

algo intentabas decir

y ese algo me gustaría 

no fuera una confirmación

de lo efímero

 

porque 

soy un animal 

que ya no es bravo

 

indeseado 

 

en esos sitios

donde quise hacer hogar 

o familia,

 

algo

 

me quisiste hacer saber

y no logré descifrarlo

 

aunque no importa,

porque de las cosas 

que también sí sé

 

es

 

que el abandono

 

te regala 

su promesa de amor

con una patada en el hocico.

 

·

·

·

ESE MONSTRUO

Mi casa

se encuentra 

en las plantas de los pies,

donde sumergido 

vive un cocodrilo,

 

lo verdadero 

de su esencia 

está en mi carne,

 

imperceptible

escucho que expone: 

habita a la fiera

y date por vencido.

 

En mi panza 

anida una ballena

que intenta 

escaparse 

por el ombligo,

 

es la bestia 

a la que temo

y me golpea 

en el interior.

 

Escucho 

cuando musita: 

no tengas miedo

no dolerá,

 

insiste: 

ríndete,

no puedes seguir.

 

La caída 

es humo 

en ascenso, 

recorre la jaula 

que es mi tórax

donde una golondrina 

gimotea,

 

su signo 

es la ansiedad

y señala: 

hay que darle muerte 

la muerte.

 

El veneno que cabalgo

es una turbulencia corporal,

 

el cansancio,

el dolor en los ojos,

el animal desbarrancado 

en una oscuridad llena 

de insomnio 

 

y la tristeza vaticina: 

la única esperanza que queda 

es perder la esperanza.

 

Eso explicó después 

un tlacuache 

en mi cabeza

al confesar haber 

perdido el fuego robado

 

que tenía como dádiva 

a los hombres

para salir 

de las sombras

y el bufido.

 

Los hombres

 

soy yo

y ya no tienen ganas de nada

 

más que dispararle a la oscuridad

esperando que algo caiga sin vida.

 

La vida

también soy yo,

 

esquivando balas,

en la noche muda

de una permanencia 

incurable.

 

—Edgardo Mantra

 

 

Fotografia  de Julián Zepeda

 

Edgardo Mantra (San Jerónimo de Juárez “El Grande”, Guerrero, agosto 1986). Es sociólogo por la UAM, tiene publicada las plaquettas de poesía: Gusano de acero (Son del Barrio) y Mientras sepan que hay cocaína (Aleteya), su trabajo se puede encontrar en Cebollas agrias, Unísono (fanzine de Guadalajara), PUF! (revista cartonera) y Kracken (fanzine del caribe). Actualmente es director de tiempo completo en La Mantra Edixiones y maneja junto a Cristían Gómez Olivares el sello 51GL0 V31NT1Dó5.

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