Oro

 

 

por Héctor Sánchez

 

Genaro estaciona el autobús frente a la casa de Luis. Observa el cielo desierto, sin nubes. Se ajusta la gorra y desciende la vista hacía el sembradío de algodón. La blancura del cultivo contrasta con los extensos páramos de tierra yerta a su alrededor

Baja la ventanilla y respira el aire seco. De pronto escucha un portazo proveniente de la casa.

–Quiubo, canijo. ¡Qué puntual!

–Ya ves, Luis. Al que madruga Dios se la deja ir más despacito.

–Mira, pues en lo que quedamos. Entregas en los tres puntos y nos vamos micha y micha.

Los asientos del autobús están abiertos de las costuras. Luis ingresa al camión con una mochila de la que extrae siete bloques cubiertos de cinta adhesiva canela.

–Mira nomás qué preciosura, Genaro. Tómala, pésala con la mano. Te avientas esta chambita y con eso completas lo de tu viejo. ¿Cómo va?

–Cada vez más en los huesos, Luis. El cáncer es una perra recién parida.

El silencio avasalla el rostro de Luis, quien parece concentrarse en esparcir los bloques adentro de los asientos. Genaro observa desde su lugar como los bloques cafés van adaptándose a la forma del respaldo. Desvía su mirada hacía el sembradío. Abre su mano y la dureza de las yemas le traen el recuerdo de los días de trabajo en la pizca, de la espalda encorvada de su padre, el cuello ennegrecido a pesar de la pañoleta y las raíces saliendo de la tierra como relámpagos fraguados. Luego el rostro de su padre, amarillo y seco, como el páramo que rodea el cultivo.

Cierra su mano con fuerza.

–Listo pues, Genaro, espero tu llamada. Y acuérdate: aquí el oro es blanco.

Héctor Sánchez ha publicado cuento y poesía. Premio Estatal de Literatura Joven ‘Nellie Campobello’ de cuento en 2018 por el libro Bajo Kilometraje. Coeditor de la Antología de narrativa juarense Paso del Norte, editorial Paroxismo (2015). Dirige la sección de Ficción en El Septentrión

 

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