Tres poemas de Nicté Toxqui

 

 

 

Acostada en el jardín

estoy abierta

para bañarme con la luz

de la mañana.

Entre la yerba busco

las formas de hundir mis dedos.

Algo me mordisquea y no

son las hormigas rojas.

Mi voluntad se enreda

con los pequeños bulbos

que supieron aferrarse

más allá de la superficie.

Hundo todavía más

las manos entre la tierra.

Pretendo ir al centro

de este día.

 

 

La vergonzosa no creció como esperabas. 

La sembraste al fondo del jardín,

en una maceta pequeña,

donde no crecería a su antojo.

Quién hubiera dicho

que con el tiempo sus tallos

se volverían escarlatas, y su flor

esa espina ligera, morada

como un golpe sostenido

debajo de la piel

reventaría, tanto

que no pudiste notar

cuántas astillas

te dejó en la mano.

Y ahora con ardor

la arrancas.

Pero es mala costumbre

de la yerba común

echar semillas, extender

sus tallos en el jardín

no dejar que nadie

la toque

después de haberla convencido

de echar raíces.

 

 

Estoy dejando de cuidar el jardín. 

Ya no acomodo las piedras, no

obligo al ficus a tomar una forma.

Y la tlanepa, esa que yo cuidaba

fervorosamente, la miro ser

devorada por las orugas.

 

La última vez que desyerbé

no sólo desprendí la maleza.

Las raíces de las ortigas

no son tan diferentes

a las de un pequeño árbol.

El bérbero sigue marchitándose

y sin embargo sus espinas resplandecen

y qué parecidas son

a lo que me brota

en el pecho

y lastima.

 

 

Fotografía de Daniela Sánchez D. Vildósola


Nicté Toxqui (Orizaba, Veracruz, 1994). Estudió literatura. Es autora de Errata (Sangre Ediciones, 2017). Acreedora de los premios Dolores Castro de Poesía 2015 y Carlos Fuentes de Ensayo 2017. Sus textos aparecen en revistas nacionales impresas y digitales. Actualmente es becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas en el área de poesía.

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