Mi padre como canto de ballenas

Lo que pasa en los sueños se queda en los sueños: muy pocas veces nos es posible editarlos, malearlos a modo para que nos revelen alguna posibilidad de novedades en la vigilia. Alterar la historia del sueño y luego contarla como quisiéramos que fuera esa experiencia tendría que ser una de las enseñanzas primarias tanto como aprender a hablar, a escribir o a ensoñar. Acá, tenemos del autor de Tigre, José Pulido, una ensoñación extraordinaria y unos poemas de su más reciente libro, editado por Cuadrivio.

 

–Maricela Guerrero


 

El 18 de febrero de 1938, Leopoldo Lugones se quitó la vida en un recreo del Delta de San Fernando (qué mejor forma de vacacionar) llamado –irónicamente– “El Tropezón”. Estaba muy enamorado. Tomó cianuro de potasio con whisky. ¿Quién lo pensaría? También en Tigre existen otras formas de esparcimiento.

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Quisiera decir “mina”, quisiera decir “vos” y decir “piba”, pero esa lengua no me pertenece. Quisiera decir Tigre como quien realmente dice un lugar para reconstruirse y decir reconstruirse como queriendo dibujar un espacio habitable fuera de sí.

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Antes de que los españoles llegaran a orillas del Río de la Plata, las tierras de Tigre ya estaban pobladas, pero no se llamaba Tigre. Nadie decía: “mirá, en el futuro haremos una rueda de la fortuna y habrá yates junto al río”. Nadie decía: “mirá, aquí habrá un centro de detención clandestino”. Nadie decía: “mirá, Tigre está relindo”.

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El libro que quería escribir no es este. Se trataba en todo caso de nosotros, pero no iba así la historia. Se trataba en todo caso de otra parte. A veces pienso en ese sitio abriéndose. Los artículos estarían dispuestos de otra forma, probablemente los poemas también, pero nunca lo sabremos. Las casas tienen piezas perdidas y el agua es un lenguaje distinto.

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Hay una rueda de la fortuna en Tigre, me gustaría subirme contigo y verlo todo desde ahí, con la claridad que un lugar cerca del cielo permite.

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Una celda en mi cerebro, una prisión distinta a la que te contaba. Un océano furioso. Me paré en los bordes para intentar mirar algo de las aguas marrones del Delta. A veces, no me reconocía en ese espejo, a veces te veía a ti

De Tigre

Sueño

Tuve un sueño. Era una noche de luna llena y yo atravesaba un bosque. Mis pies se hundían en la tierra a cada paso que daba. Alcé la vista hacia el cielo, vi a un buitre planeando entre las copas de los árboles. Sentí temor y un enorme desasosiego, pero proseguí mi camino hasta que llegué a un páramo desolado. Al centro había un arca, era vieja y la madera estaba carcomida. En la proa, sentado sobre una piedra de jade mi padre me esperaba. Yo comencé a correr para alcanzarlo, pero sentía un peso indomable en mi corazón que me hundía en un lodazal. Me costaba trabajo respirar, sin embargo lo escuchaba entonando una bella canción que simulaba el canto de las ballenas. De alguna forma yo comprendía la letra y sabía que tenía que ver conmigo. Me esforcé por avanzar a rastras, ennegrecido por el lodo. Mis ropas se deshacían y, finalmente, desnudo pude alcanzar el arca. Subí y me acerqué a mi padre, quien permanecía inalterable llamándome sobre la piedra de jade. Su piel era marmórea, su mirada estaba perdida y el tórax le vibraba en una secuencia regular. Me asomé a la enorme O que dibujaban sus labios y una luz incandescente emanaba al fondo de su estómago. Era como si se hubiera tragado el sol. “Vamos”, le dije, y lo tomé del brazo, pero era imposible moverlo. Comencé a llorar. El buitre escuchó mi clamor, bajó hasta el arca y me envolvió en sus enormes alas rojas, una paz blanca me invadió, escuchaba latir en el pecho del buitre el corazón de mi padre. Entonces me subí a su lomo y emprendimos el vuelo.
Actualmente
Publiqué Tigre en Cuadrivio Ediciones en 2020. Es un libro que habla sobre lugares imaginarios, supuestos e historias que no llegaron a concretarse. Son una serie de textos a caballo entre el cuaderno de notas, el diario y la poesía.
 
Sueños
Con un G. I. Joe que tenía de niño el cual cuando le apretabas un botón decía: “¡Cuidado, va explotar!”, pero yo escuchaba: “¡Cuidado, ay, mamá!”. O con los viajes por carretera que hacia con mi tío.

Fotografía de Andrea Martínez

José Pulido (Orizaba, Veracruz, México. 1985). Ha publicado en diversos suplementos literarios del país como Letras Libres, Nexos, Tierra Adentro, Periódico de Poesía, Punto de Partida, entre otros. Ha sido becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA) en dos ocasiones (2015 y 2019) en la categoría de Jóvenes Creadores en la Disciplina de Poesía. En 2015 publicó el libro Permanencia voluntaria (Diablura Ediciones) y en 2020 Tigre (Cuadrivio Ediciones).

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