De niña le gustaban los caballos. Ahora tiene demasiada sed

 

 

Kitty Oppenheimer: esposa de Robert J. Oppenheimer. De niña le gustaban los caballos. Ahora tiene demasiada sed.

 

(La luz se enciende lentamente y aparece Kitty Oppenheimer sentada en un sillón viejo y mullido. En torno suyo, botellas y copas cubren por completo el piso del escenario así como las dos mesitas colocadas junto al mueble. Kitty viste un suéter negro de tortuga arremangado y un pantalón enrollado sobre sus pantorrillas. Extiende la mano derecha y coloca el índice sobre el borde de una copa. Hace lo mismo con la izquierda y con el dedo gordo de ambos pies y comienza a deslizar las yemas sobre el vidrio. Interpreta el Cuarteto para el final de los tiempos de Messiaen. Las copas sobre las que recarga los dedos comienzan a llenarse de sangre.)

 

Lo siento. He tomado tanta ginebra
que ya hasta empezó a manifestárseme
el final de los tiempos. Mi hijo
moja la cama todas las noches.
Mi hija se ahoga en su llanto.
Mi esposo llega tarde
y me pasa una toalla por la frente.
Me entrega algo.
Tal vez el paraíso sea esto:
un vaso de leche fría
a la entrada de la noche.

El tiempo está cerca:
bienaventurado el que le da de comer a sus hijos en la boca,
el que nunca termina de limpiar su casa
y ha olvidado el sabor de la risa.
¿Quién será el primogénito de los muertos?
Es mejor que mi esposo lo decida
sin consultarme.
Whiskey para la gran tribulación, he dicho.
Un viaje sólo de ida a Patmos, Nuevo México.
Oí detrás mío la sombra que emanaba de las montañas,
oí detrás mío los nombres de las piedras en mi zapato:
Efeso, Esmirna, Pérgamos, Filadelfia.
Una hermana mía vive en Philly.
En su casa hay siete candelabros,
en su sueño se acuesta con su vecino
y sus gemidos saben a mimosas.
Todo aprenderá a ser fuego
y mi voz será el estruendo de muchas agujas
y la palabra honda del uranio.

Mi esposo habla el lenguaje llano de la bomba,
de su boca sale la espada de dos filos.
No temas, dirá,
no soy el primero,
tan sólo el último.
Una franja de luz avanza por el cuarto hasta tocarme.
Afuera de mi casa y de mi cuerpo,
el ruido del sol quema los hierbajos.

 

 

 

textos del libro Proyecto Manhattan (Ediciones Antílope, 2020)

Fotografía de Sofía González


Elisa Díaz Castelo (Ciudad de México, 1986). Ganadora del Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes 2020 por El reino de lo no lineal, del Premio Nacional de Poesía Alonso Vidal 2017 por Principia y del Premio Bellas Artes de Traducción Literaria 2019 por Cielo nocturno con heridas de fuego, de Ocean Vuong. Estudió una maestría en Creative Writing en la Universidad de Nueva York y ha sido becaria del FONCA (Jóvenes Creadores), de la Fundación Para las Letras Mexicanas y de la Fulbright. Su último libro, Proyecto Manhattan, acaba de publicarse en Ediciones Antílope.

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