Un gato exótico con mucho miedo

 

Desde hace un rato, no un rato breve sino uno largo, digamos como de algunas décadas, considero que el mundo como lo conocemos no es ni la mitad de lo que acontece realmente; que la esfera de vigilia en la que nos desenvolvemos puede en ocasiones limitar las posibilidades más creativas y generosas a las que podemos acceder mediante la exploración de nuestros sueños y la indagación de mundos menos físicos como los que tienen que ver con el esoterismo. En Primeros sueños estamos impactados y celebrantes de  leer los sueños de una chamana en nuestra columna, quien nos cuenta de su trabajo energético más reciente y nos comparte un espléndido poema con una lírica exquisitamente alterada. 

 

–Maricela Guerrero


La de los fantasmas vivos

 

Se aparecen en sueños
a tono de pensamiento
forma o figura

será hasta la sepultura

 

me convienen circulares
bruma zigzagueante

 

las cervezas no están bien muertas

pero sí los pies

y el sueño es la telenovela

en este canal del inconsciente con estática:

 

la Rosita amando a un hombre con el cuerpo
malqueriéndose ambos, con tal de no llorar
porque al hombre que sí le gusta
le cuelgan las mujeres del brazo

la Dulce quieta por las ganas de la Rosita

ganas de lengua, ganas de párpados,

caramelo observando

 

el ex es un terco protagonista

son más de diez años y sigue haciendo casting

dice aunque aparezca como secundario

—un pollo hermano
no lo entiendo, de tanto que fuma… los ojos se le derriten en la garganta ahogándolo.

 

La poeta más bella que he visto: Blanca, se llama, blanca su llama
cuyo único poema que ha publicado lo lleva en la piel,

se pasa de largo en la escena,
y sonríe con una nuca de nunca jamás vuelvo.

 

El sonsonete enemigo,

merolico ANTAGONISTA
no me dejará mentir, lugar común entre los comunes
no me dejará pecar, pues me guardo la última mordida para la hamburguesa proscrita

 

puro fantasma vivo hace eco y aparición

en la programación de los sueños

el anuncio me despierta con hambre
y como y canto y loca         me levanto

tuerta

para seguir el (d)olor
el latido y su acariciar, de esta otra vida, que me sopla en la cara y me susurra:
no, no estoy borracha.

 

Quedo con la boca escaldada,
por la sopa de los sueños, ardiendo y hueca
las ganas heridas a palabras discretas

 

la programación se repite, en la misma ola de la posmodernidad:

—hola —hola —hola —hola

 

—hola —hola —hola —hola —hola

—hola —hola —hola —hola

 

—hola —hola —hola —hola —hola —hola

 

usted no sabe lo que es el amor y el miedo que causa la desolación

 

con este cupón los lunes te ahorras el sujeto o el adjetivo,
los martes es dos por uno en los pronombres plurales

pim pum papas —saco la mano y nada

 

eso es estar cuando no pasa nada,

el aire nos traga vivas

 

odio las repeticiones, si ya lo viví, ¿para qué lo sueño?

 

Necesito contratar otro servicio, tener más canales, una pantalla del tamaño de mi cuerpo. Ampliar la conciencia, lograr la rotación de este planeta lesionado.

 

Me quedo despierta, en llamada telepática con el técnico

los fantasmas se salen de personaje

muestran su verdadero no

 

la resistencia me cansa, me lanza

caigo       espiral en loop, oscuridad
fade in     cortinilla del comienzo

 

un capítulo más de esta serie onírica

 

por mis pies avanzando, parece que yo también salgo

(pero no creo que tan viva y sí muy fantasma).

Sueño

La casa derrotada

Estaba con mis amigas(1), empacábamos para irnos, se había terminado la reunión, había muchas mujeres a las que no reconocía. El cuarto-casa donde nos quedábamos estaba oscuro, con una luz amarilla encendida al fondo. Había puertas hacia otros cuartos. Mientras recogíamos, un jovencito se acercaba queriendo platicar, se llamaba Ángeles(2), me daba cuenta que cada vez se hacía más noche y yo no me dormía(3), me estaba desvelando y me causaba ansiedad. Le decía a Ángeles(4) que me dejara en paz pero se lo decía con un tono juguetón, porque me causaba curiosidad escucharlo hablar, me decía que no era tanto llegar a los treintas, le decía que a mí no me faltaba mucho por alcanzar los cuarenta. Salía con él, y un amigo de él que de pronto aparecía, para verlos volar una cajita, como el remolque de un camión de juguete, era anaranjada y volaba como un dron.

   Yo regresaba al cuarto-casa, no encontraba a nadie. Salía y me subía a la camioneta de Mariana(5), ella daba vuelta en u, pero para hacerlo se trepaba a una pequeña lomita, me percataba que estábamos en Estados Unidos. Sobre la lomita, Mariana decidía avanzar recto en lugar de seguir la u. Y al mismo tiempo, yo me había bajado para atravesar una de las puertas del cuarto anterior, pero ya sola y caminando.

   Llegué a un cuarto (al que no debía llegar, o después eso sentí) y era un patio muy grande, con mucha luz, todo blanco, no se sentía bonito, al contrario, me daba un terror que nunca había sentido. Había muchas personas, eran como menonitas. Gente muy blanca, vestida de blanco, que me hizo pensar en una secta, en personas que se habían suicidado, y niños y niñas que estaban como dormidos o muertos en unas cajas de madera grandes, pero no rectangulares, y sí encimados sus cuerpos; que me hicieron sentir que eran niños asesinados por su madre. El piso era rojo, como de arcilla. A la que veía con mucha claridad era a una mujer de pelo gris, con la mirada perdida, congelada en la espera, como muerta viviendo. Desde que ingresé a ese patio yo nunca había dejado de caminar, porque iba directo a la otra puerta que había visto, pero caminaba demasiado lento por el miedo y por el asombro de estar viendo lo que veía.

   Al salir, un aire me jalaba con fuerza, con una potencia que me daba vértigo, avanzaba rapidísimo y sentía no tener cuerpo, y no poder parar y no saber cuándo iba parar hasta que llegaba de nuevo al cuarto oscuro del inicio.

   Pero el cuarto del inicio se había convertido en un Bed & Breakfast, y había foquitos en la parte exterior y una mujer se lo mostraba a una pareja, hasta darse cuenta que todavía no estaba desocupado, entonces se llevaba a la pareja a otro cuarto. Yo intentaba recoger lo que era mío, porque había muchas cosas tiradas, parecían cosas que habían sido de mi mamá.

   En la parte de atrás del cuarto había una especie de gallinero y adentro un gato salvaje-tigre famélico, o era un gato exótico con mucho miedo. Al que yo intentaba tranquilizar diciéndole: no pasa nada, no pasa nada. Y el gato sí se tranquilizaba, se veía más relajado y se me acercaba.

  (Me desperté —muy despierta— y muy asustada, como si hubiera conocido un lugar que no debía haber conocido, ese patio blanco.

   Era  la 1:57 am.

   Me tardé una hora, o más, en volverme a dormir. Estaba petrificada en la cama, no me podía mover del miedo. Veía una luz gris flotando, o me la imaginaba, en la esquina del cuarto. Fui por mi gato, Delta, y lo traje conmigo a la cama, estuvo ronroneando fuerte, pegado a mí, y yo acariciándolo mientras seguía recordando esta primera parte del sueño, hasta que sentía que ya podía moverme. Medité unos veinte minutos, respiré otros más y me volví a dormir).

  Y regresé al cuarto oscuro. Alguien tocaba a la puerta, fui a abrir y vi que era un americano alto, flaco y rubio, de barba haciéndose gris, descalzo que empujaba la puerta con fuerza, y me amenazaba. No sé qué quería hacerme. Pero yo gritaba durísimo, alcanzaba a ver hasta dónde llegaba mi grito; desde arriba lograba ver que llegaba hasta donde estaban unas piedras y una tiendita, porque todo era un pequeño pueblo americano.

  Me quedaba en el cuarto arreglando. Eva(6) estaba ahí. Yo tenía en mi manos sus perlas, dedales(7) de perlas, y le decía que solo las estaba viendo con nervios, pues sentía que ella iba a pensar que me los quería quedar. Ella los tomaba y se iba a terminar de preparar algo para acudir a un evento.

    En otro cuarto, Zarella Rubio(8), casada con Sandro(9), se reía de que elogiaran a Sandro por ser guapo. Zarella tenía mucha gente a su disposición por toda la lana que tiene (que tenía en el sueño). Me decía que lo que quisiera se lo podía pedir a su gente. Apuntaba el nombre y número de un viejo(10) de seguridad, que además era medio mafioso y también atractivo. Me hacía sentir protegida. Sandro caminaba de un lugar a otro, hiperactivo y algo ansioso, se le veía la cara roja, como de exceso de sol o de alcohol. Zarella seguía burlándose de él junto a sus amigas, aunque no directamente en su cara.

    En esa misma casa me encontraba con Sergio(11) , quien buscaba llevarme a otro cuarto, y me tomaba de la mano, y al llegar al cuarto se desvestía queriendo coger, yo me quedaba como en pausa viéndole el miembro, pensando que le había cambiado.

(1) Después de varios años de encierro, hace poco hice un viaje a la playa con mis amigas de la infancia, éramos siete. Amigas desde mi infancia.
(2) Ángel es el hijo de una de las locatarias en el Mercado Medellín que vende hierbas, copaleras, incienso, ajos, etc. Lo conocí desde que aprendí a hacer limpias y necesitaba de un proveedor de hierbas o huevos de gallina negra.
(3) Hace algunos años sufrí de insomnio, tomaba medicamento para dormir y hasta me volví adicta (al medicamento; luego lo dejé). Pero dormir se volvió una obsesión en mi cabeza.
(4) Después que Sergio y yo tuviéramos una relación, quien aparece al final de la segunda parte del sueño, tuvo una novia que se llamaba Ángela.
(5) Mariana, es una amiga que vive en Mexicali y que tiene una camioneta grande con la cual hace el “carpool” para llevar a su hija, y otras niñas, a la escuela cruzando la frontera hacia los EE.UU.
(6) Se trata de una amiga reciente, con la que he tomado algunos talleres de Chi kung y meditación.
(7) Otra amiga en común de Eva y mía —las tres nos hemos conocido en los talleres, en Chamanismo— es diseñadora de joyería y ha creado algunas piezas que parecen anillos que toman todo el dedo.
(8) Una mujer que he visto pocas veces en mi vida, prima de una compañera de la escuela, que había crecido en la Ciudad de México (mientras que yo vivía en Mexicali). Ahora Zarella vive en Mexicali, se casó con un hombre de allá; y yo vivo acá, etc. Puede que Zarella se haya mudado a vivir a San Diego (California), algo que hacen muchas personas si tienen la posibilidad y el dinero.
(9) Alessandro Arienzo, un arquitecto joven que ha ganado varios premios por sus diseños.

Actualmente
Como chamana, o curandera, mi trabajo más reciente de limpia fue a un hombre que tenía pegada (todavía) algo de energía de la santería. Nunca antes me había tocado hacer un trabajo relacionado con la energía de la santería, la cual puede no ser tan sencilla de limpiar, por su cualidad “pegajosa”, como dice Juan (mi maestro). No hice la limpia sola, me ayudó Ory, una compañera, y las dos quedamos un poco bajas de energía por un par de días. Algo que es normal, según Juan, al ser apenas aprendices.
Sueños futuros
Que vuelo —ésta y todas las noches— siempre querré soñar, como lo hice de niña algunas veces, que vuelo.

 

Lucía María (Mexicali, 1983). Editora en Dharma Books + Publishing. Ha impartido clases de arte y literatura, así como algunos talleres de creación. Ha publicado algunos textos en diversos medios. Su primer libro es Delta de sol (un contrapoema a Piedra de sol). También, por otro lado, es aprendiz de chamán (haciendo limpias, cortes, cruzas y demás). Reside en la CDMX desde el 2010.

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