Drowner, poemas de Antonio León

Los otros chicos de la cuadra
saben cantar y tocar la guitarra

 

salen en las tardes a jugar futbol
y después fuman sobre las piedras
de una construcción abandonada

 

no conocen historias
en que el pueblo se abre hacia el centro
y se come a la gente

 

hay pueblos en que el aire
no tiene la consistencia adecuada
para que circule una canción

 

los padres de todos
duermen temprano durante la semana

 

hay un acuerdo tácito para no hacer ruido en el sueño del vecino

 

a mis amigos les cuentan una pesadilla anticipada

 

los golpean en la boca si despiertan a los otros

con un grito

 

o una canción de animales que escapan
hacia nunca.

Intermedio
un lado más largo para preservar la continuidad

 

Dice mi madre que mis amigos son raros
que usan ropa que ya era vieja
cuando la abuela llegó a la ciudad

 

piensa que me dan drogas
y alcohol adulterado
dice que son horribles y fracasaron en el club
de extras de películas de vampiros.

 

En la suavidad inocua de mis días
mi madre busca un nuevo adjetivo
para los greñudos que me prestan discos
y me han convencido de las virtudes
de un guitarrista oligofrénico

 

imagina bocanadas
en piscinas diurnas

 

pastillas de no ir a la escuela
por culpa de una alfombra que apesta
en la que colocamos nuestros rostros

 

no sabe que somos pájaros negros

 

que bebemos jarras de café
y hablamos de lugares que nunca vamos a conocer.

Metal Mickey

Nunca encontramos el suplente que pateara aquellos huecos
un salvaje que diera masajes al alma después de cogérsela

 

Sólo él podría traer un mapa de ultratumba
señalar las fallas en el sistema de limbos

 

aplaudiríamos con baquetas incipientes
siendo focas de terciopelo y cuajos de sangre
con arritmia de pocos años

los dedos sobre el cuero

en la raya de nervios de los drowners.

 

Alguien cuestiona el fervor de estos niños
que no temen morir en la cruda del rock neonato
en la noche de los ojos con rímel

buscar pieles            buscar ciervos           buscar muladares de magia

 

Mickey habla con la voz del monstruo

 

dice que ha tenido infecciones
que avanzan más rápido que nosotros

 

que uno de estos días prenderá fuego al cuarto de ensayo
que nos ama cuando dormimos la fiesta
pues parecemos ovillos de una enfermedad nueva
y nos vemos como el puño que puede cerrar.

1993

no fui quien decidió
que las emisarias del lápiz negro para ojos
voláramos impulsadas
por la tecnología de hélices de carne

 

antes de ingresar al mundo del empleo poco remunerado

 

no pedí informes para la gestión
de un ejército de monos con alas pequeñas

 

escojo ir por tierra los días de víboras en carretera

 

los muslos se cansan y arden
son un reclamo de las grasas saturadas

 

la verdad es que yo diseñé el verano
pero nunca supe operar su mecanismo

 

al comprar estas botas
me dieron un cupón para un alma trizada
sudan por dentro
los pies ajados del parque industrial

 

algunas veces se evaporan los camiones a lo lejos
un certamen de empleados que prefieren no llegar
el vaho de transporte sube hasta los cables de paga
luego hay que hacer fila en varias ventanillas
con cajeras de inyección hidráulica.

 

Galerón

mis amigos y yo
nos encerrábamos a odiarlo todo al fondo de un galerón
pocos muchachos en aquel espacio para flotar sin antena

 

las reglas eran simples
:
podíamos tocarnos siendo machos cabríos
pero sin desear de verdad

 

cuando alguien latía más fuerte
era pasado por tierra o por un mar de puños
como pasar un bacalao eviscerado a otra era

 

calientes desde la sangre en oquedades y naves industriales
incluso cuartos fríos que transmutaban en salas de calderas

 

al regresar a clase
yo era el único que recordaba el incidente

 

yerto en la afonía del aula
sudaba por el lápiz
imaginaba la tarde floja de las piernas

 

fiebre reumática la tarde
con menores de edad que se comían el cuello unos a otros

 

todo lo recordaba

 

 

Los poemas que aquí aparecen forman parte del libro Drowner, editado dentro de la colección La Rumorosa, por la Secretaria de Cultura de Baja California.


Antonio León es un poeta nacido en Ensenada, Baja California. Reside en Mexicali desde 2014, donde se desarrolla en distintos ámbitos de la promoción cultural universitaria. Es editor de poesía en la revista El Septentrión y autor de los libros Busque caballos negros en otra parte (pinosalados) :ríos, dentro de la colección Ojo de Agua, editada por CETYS Universidad y Consomé de Piraña, editado por Carruaje de pájaros y el Instituto Sinaloense de Cultura. En 2016 fue el ganador del Premio estatal de literatura (poesía) en Baja California, con el libro El Impala rojo. En 2018 fue becario del Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico en la categoría Creadores con trayectoria.

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