Teorema del equívoco, un libro de Úrsula Zuzuki

por Antonio León

 

 

Joaquín Hurtado

Teorema del equívoco

Pinosalados, 2020, Mexicali

 

 

Gentlemen take polaroids,
they fall in love, they fall in love.

Le preguntaron si sabía manejar moto —por aquello de la Zuzuki—, pero él dijo que más respeto, que le hablaran en femenino (que no somos iguales, diceeee la gente). Y que bays, ni que fueran los noventa. Manejar moto se relaciona directamente con una atmósfera como de tianguis cultural, o de arribar ya muy pacheca a los confines de la playa de Caleta o de Rincón de toronjiles. Todo lo anterior mientras tomaba el morral playero para irse a orear las patrullas al trópico.

   Una no llega y pide meteorito azul a las lecturas de poesía, dice Joaquín Hurtado en una mesa del bar más aburrido de Tijuana. También dice que escribe poesía por razones nemotécnicas. Que escribe poesía porque hay una edad en que lo de bufar debe ir por escrito porque se olvida en pos de otras formas de hacer la mosca chillar. Que lo del chisme es fauna de acompañamiento y conviene estar armada con la viperina, luego se arman cachetizas en mesas de lectura de festivales y nunca queda una sola poeta con la beca completa.

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Teorema… es todo menos un equívoco. Joaquín Hurtado nos brinda sus fantasías sabrosas y sus andanzas Lauraleonescas: las pone a reacomodarse a punta de proto perreo en esta otra forma de habitar el lenguaje llamada poesía. Estamos hablando de un cronista que siempre ha sido dueño de cierta pulsión poética, del mayor de todos los que llevan el desparpajo como ley, de un escritor entrañable en sus devaneos prosódicos.

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Pienso en una amiga que se llama igual que este libro, pero en realidad se llamaba Irasema. Irasema del equívoco es una colección de poemas con más desmadre en las venas que la filmografía de Titina Romay, la discografía de Japan (la banda, no la serie de anime), los comerciales de Lucia Méndez para una marca de cocaína llamada Manchester Royal y los últimos poemas del actor Enrique Lizalde en Viento Negro. También valen los de Salvador Pineda sin playera en la playa.

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Teorema del equivoco fue un proyecto en aquella mesa de bar tijuanense y ahora es una realidad. Mi amiga Rosa Espinoza, Editora de Pinosalados, me lo dejó hace algunas semanas en el buzón, porque por estos días uno evita el contacto, y el lugar en que no ponemos ciertas manos se ha vuelto el terreno de la asepsia en el que nos movemos.

  El libro me brinca a la cara y me pone una sacudida a punta de versos afilados y conversaciones cruzadas con medios que van de las redes sociales a la almohada. Es una invitación casi ludópata a mover las piernitas del lenguaje, a dejarse resbalar en todas sus posibilidades y armar una postal de cualquier sitio, imaginario o no. El equívoco, en este, como en otros casos, viene acompañado de una cosa bien aburrida llamada aprendizaje, pero alguien tiene que mostrarnos la manera de llevar objetos lindos a la playa, o de importarlos directamente de la carne del poema. ♣

Antonio León es un poeta nacido en Ensenada, Baja California. Reside en Mexicali desde 2014, donde se desarrolla en distintos ámbitos de la promoción cultural universitaria. Es editor de poesía en la revista El Septentrión y autor de los libros Busque caballos negros en otra parte (pinosalados) :ríos, dentro de la colección Ojo de Agua, editada por CETYS Universidad y Consomé de Piraña, editado por Carruaje de pájaros y el Instituto Sinaloense de Cultura. En 2016 fue el ganador del Premio estatal de literatura (poesía) en Baja California, con el libro El Impala rojo. En 2018 fue becario del Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico en la categoría Creadores con trayectoria.

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