Regina Swain y la ausencia

 

por Flora Calderón Ruiz

 

 

 

La muerte es un pienso artero

un diluido recuerdo que aflora entre altares de muerto y diskettes

la muerte es un pienso alebrije

savia amarga de escritores muertos, 

de amiga sin funeral

una muerte invisible

nunca termina de irse

aunque una se ponga los zapatos

y lea tres veces la frase: ella se fue dormida, dicen que los ángeles se van así

miro la foto, ya no hay un cuerpo detrás de esa imagen que mira pero no mira.

Soñé que un tren atravesaba por la sala de mi casa

como si fuera una estación de los años cincuenta permanecía unos minutos con el vagón abierto y retomaba su camino, al despertarme súbitamente. Con el sopor que da la clorfenamina miré el separador que apunta la frase ella se aleja silbando una extraña tonada  y debe vivir dentro de un libro. 

Hace tres años, a unos pasos del puesto Tacos de Pescado El Fénix, en la Espinoza y Juárez, después de habernos engullido dos de pescado, caminábamos Ramsés y yo con una horchata en la mano. La llamada de mi hermana Lydia rompió la banqueta, derramó la horchata, volaron las palomas a nuestro alrededor. Regina murió.

La Pequeña Señorita X

   La Señorita Supermán

La Mala Barbie

Morusa guardó sus Ensayos de juguete, dejó sus estribos de plata en el joyero y se fue con su Dios X.

Hallarse en la vida escritora, observando los referentes culturales y sociales subrayando contexto histórico. Ejercer el periodismo de nota roja y escribir una novela: Nadie, ni siquiera la lluvia (realizada en su periodo como beneficiaria del FONCA, del Grupo Editorial Planeta, 1995). Regina Swain se nombraba posmoderna, se afilaba en la cursilería posmoderna, en la que el encanto del privilegio estaba constantemente derribado por contradicciones: “la mala Barbie” y “Dios X” dispuestos a concederle poderes, la visión triste y cansada de los seres que aparecen en su cuento ¿Qué fue de los superhéroes, agobiados por el matrimonio, cansados y olvidados? En estos días cuando los estereotipos se ven modificados por el cambio de género, raza, circunstancia, sería excelente releer Ensayos de juguete (Premio Estatal de Literatura Ensayo 1998, B.C.) y las dos compilaciones de La Señorita Supermán (Premio Nacional de Cuento Gilberto Owen 1992) y La Señorita Supermán. Revisited ( publicado en Florida durante su residencia en Boynton Beach, en el 2011). Regina trabajó en el entonces programa Talleres Arcoiris (ICBC-SEP) con niños de la Escuela Primaria Carmen Serdán, impartió también cursos de Manejo de Lenguaje. Ese lenguaje que se elige, que revienta en imágenes y en tardes de música. Regina no bebía mucho café, pero sí agua con hielos y en algún tiempo Coca-Cola en botellas de vidrio. Amaba las papas fritas. Conversábamos del lenguaje y los gatos en el Bar Mutualista, contábamos historias a los viejitos y nos pichaban la cerveza. A bordo del su Jetta blanco elegíamos palabras cargándolas de innumerables posibilidades para reír con ellos de las combinaciones mientras los repartíamos a su casa de madrugada.

**

Regina, escribo todo esto y un reflejo de llanto asoma en el caos. Te extraño. Y aunque habría que ser valientes narradoras con bisturí, cirujanas de la palabra, para cortar los sentimientos que se desborden, y aunque deberíamos ser poetas valientes que en la acción esgrimen el sable del conocimiento, la investigación, los proyectos, que la emoción no descalabre al poema. Ahora mismo una leve gasa se levanta y descubre la herida de silencio y mutismo que dejaste y a la vez la intensa selva de risas y locuras revitaliza el día.

este caos necesitaría de tus consejos felinos

del orden de las tazas y los vasos

de poner la ropa a dormir en su sitio

de pintura blanca en las paredes y girasoles en la entrada

sé que te unirías a ayudarme en esta casa patas arriba, junto con Gaby Rabenbauer, Patricia Careaga y Daniel. Que hubieses abrazado a la Mila antes de irse a San Vicente.

 

Dicen algunas lenguas que los escritores viven en su obra cuando mueren. Consuelan mucho con siempre estarás con nosotros y yo pienso que no me gustó la sopa de médula, ni el caldo de cola de caballo que me obligaste a comer en Guadalajara, ni la cerveza Montejo. Pero sí las papas adobadas y las largas noches de conversación y vino con Paty en casa de Ernesto Muñoz Acosta en Vallarta, ¡qué días felices!, de café frente al mar, Ernesto mostrándonos su museo y a las mujeres huicholas jugando billar. Flotar en la alberca frente a enredaderas de bugambilias. 

 

Tu recuerdo camina y toma cerveza otra vez con Iliana Hernández y yo en el Andaluz. Iliana y Claudia eran muy jóvenes y nos acompañaban de vez en vez al remolino de locura donde habitábamos. 

 

“Regina once”, como DR te llamó porque nosotros éramos diez hermanos y contigo once. Me dijo mi mamá que el otro día vio a María y a Jimena, tu hija, en Los Globos y que Jimena la abrazó fuertemente. Aún se le hacen de agua los ojos. Extraña las pláticas contigo y cuando ibas a acurrucarte con ella. La última vez que vi a Diego y Jimena desayuné con ellos tlacoyos y tamales poblanos en casa de tus suegros. 

 

Nunca sabré si te gustaron los últimos libros de Rafa Saavedra, de Hilario Peña y de Teresa Avedoy que te envié a Boynton Beach. Sé que estabas feliz con Apuntes para una mujer en construcción | Endémica y con el vinito recomendado. Que te encantaría leer el Impala Rojo de Antonio León, estarías feliz con el libro de Postales de Inglewood de Rosa Espinoza, Casa del Viento de Iliana Hernández y Francisco Morales.

Las valientes y las poetas se arremangan la camisa hacen el trabajo sucio, son penumbra y polvo, casa abandonada, tragos de sotol a media noche, hocicos tristes de bestia apaleada.

 

Supongo que estar es relativo y ahora disfrutan de tu buen humor Rafa Saavedra, Gloria Ortiz, Ernesto Muñoz Acosta, Antonio Mejía De la Garza, Leonel Flores, El Chino Burgoin.

 

P.D. Sigo escribiendo Bulmaro y Las Escuálidas, ese breve ejercicio de prosa poética que inicié hace más de tres años y que nos mantenía risueñas a la distancia.

 

 

Flora Calderón Ruiz. Autora de los poemarios Montes de espuma sanguínea, (1989 INBA /DAC), Pasión y canto de Estefanía de la Luz, (Las Moiras Ediciones, 1992) Marea de brujas, (ICBC,1998) Del olvido y otras distancias (Aretes y pulseras, 2003) Sentencias de las Sombras (Oasis Ediciones-La Caverna Dizqueléxica, 2006. Libro realizado durante el periodo como becaria del entonces Foeca-BC). Apuntes para una mujer en construcción | Endémica (PinosAlados 2016) Dirigió 7 montajes alternativos para la literatura (lectoperfomance), Coordina el Taller Experimental de literatura del ICBC (TeLit). Radica en Ensenada, Baja California.

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