Poemas de Jorge Ortega

 


Para conmemorar el 50 aniversario de nacimiento del destacado poeta mexicano Jorge Ortega, amigo y colaborador de El Septentrión, compartimos una selección de poemas inéditos. Una muestra en la que resuenan algunas constantes de la poesía de Jorge Ortega: las falacias del tiempo, los ritos de la cotidianidad, el espacio insondable, la horadación de la materia como indicio de la finitud. Nos sumamos, pues, al más que justificado festejo por sus primeras cinco décadas de existencia y le enviamos desde aquí un abrazo afectuoso. ¡Felicidades, poeta!

 

 

 

 

Justificante de ausencia

 

He olvidado cómo empezar a escribir.
He olvidado cómo empezar un poema.

Un paso al frente, dos. Una frase,
dos líneas.

Vuelvo aquí luego de mucho tiempo,
semanas, meses,
limbos
de la desmemoria
relegados aun más
por la farsa del mundo.

Lo que sucede afuera representa la roca
en la boca de la cueva.

Todo pronunciamento es irrisorio
junto a la realidad que nos excede.

Pero brota de un grano de mostaza
el árbol cuya rumorosa sombra
mitiga la sequía.

 

 

Meseta de Anáhuac

 

El aire es la luz, la luz
el aire.

En blancos muros de adobe
mermados por el clima o por los años
la refracción del sol es también un pleonasmo
con su obstinada brasa que enceguece
igual que la nieve al sherpa.

Arriba y abajo y a los lados blancos
la historia se ha parado, los relojes
pierden utilidad
hasta elevarse
y flotar
como los derrelictos de un naufragio.

La vida se acumula en la materia
y confinada ahí, bajo el caparazón de la mudez
permanece en vilo.

El sosiego sostiene el panorama
—tejas, volcanes, tejos—
desde los cuatro puntos cardinales.

Mientras gira el planeta lentamente
aunque no lo sintamos
todo calla y respira sin moverse
en la perpetuidad de su raíz.

 

 

La vía del éter

 

El mundo encaja intacto en el silencio.

Lo prueba una mañana de domingo
en que por vez primera, después de no sé cuánto,
todo es lo que es
sin hacer ruido.

Las llamadas a misa, los camiones,
las maniobras de albañilería
—seguetas, mazos, cumbias—
y los repartidores de Uber Eats
cohabitan a la sombra
de un incierto receso.

Plenitud de la inmovilidad.

Baja la marea del pandemónium,
sube la marea de la ataraxia
ahogando los clamores.

La intensidad conjura en los tejidos, una revolución
prospera al interior de una bellota,
el bagazo se pudre en la basura
en cámara lenta
para ofrecer a nadie
la esencia de su abono.

La cuarentena blinda los cristales, acoraza los patios
cerrándose al efluvio de la vida.

Pero en el tegumento de la cosas
bullen ya los átomos
de una nueva era.

Canción de enero

 

Cambian las fechas, pero no el paisaje.

En medio de la nada
rocas, torres eléctricas, cabañas
permanecen igual, sin desaparecer.

Libramientos, veredas,
resecos pastizales, ocotillos,
poblados, granjas.

El tiempo ha endurecido la materia
hasta llevarla a no modificarse
en lo esencial.

Las montañas, las viejas arboledas,
los troncos minerales
desmienten la llegada de otro año.

No existen los aniversarios. Nunca
se cumplen intervalos. No hay
vuelta a empezar:

las cosas están quietas en su ser,
las cosas son perennes ya con ser.

Somos nosotros los que decaemos,
registrando las horas
o velando la ronda de los ciclos
en el iluso ábaco
de la era cristiana.

Contantes y sonantes. Girando y girando
como planetas blandos y fugaces
alrededor de un sol
sin edad.

Campo Mosqueda

 

En la pantalla de aire
del no sucede nada
tres faisanes negros
cortan la mañana.

La luz es más espesa
donde el silencio esparce su vapor,
una humedad de calma que refrena
las balas del sonido.

El río se mueve lento
hacia el futuro,
sosegado desagüe de las formas
que baraja la muerte.

Zambulles la vista entre los juncos
y más allá, en la urdimbre
de las matas, la cresta
de los álamos, y más allá, en el vuelo lejanísimo
de las garzas, el rastro de un avión. Y aun más allá.

En la profundidad de ese paisaje
que comienza a tus pies
presientes un espejo cuyo abismo sin fondo
te invita a entrar en ti.

≈ o ≈

 

Fotografía de Ale Meter

Jorge Ortega (Mexicali, Baja California, 2 de febrero de 1972) es poeta y ensayista. Doctor en Filología Hispánica por la Universidad Autónoma de Barcelona. Ha publicado una docena de libros de poesía en México, Argentina, España, Estados Unidos, Canadá e Italia, entre los que destacan Estado del tiempo (Hiperión, 2005), Devoción por la piedra (Mantis, 2016) y Guía de forasteros (Bonobos, 2014). Su trabajo poético ha sido traducido al inglés, chino, alemán, portugués, francés e italiano, y forma parte de múltiples compilaciones de poesía mexicana contemporánea. Igualmente, ha colaborado en diversos medios literarios de Hispanoamérica y el mundo anglosajón con poemas, reseñas y textos de crítica sobre poesía, tales como Buenos Aires Poetry, Letras Libres, Periódico de Poesía y Revista de Occidente. Asimismo, ha participado en festivales de poesía y congresos de literatura en variadas ciudades de América, Europa y Asia, y se ha desempeñado como Profesor Visitante o Scholar Artist en universidades de California. En 2018 y 2019 fue tutor de poesía del Programa de Jóvenes Creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes de México. Es miembro del consejo editorial de Mantis Editores. Entre otros reconocimientos, ha obtenido el Premio Estatal de Literatura de Baja California en los géneros de poesía y ensayo, el Premio Nacional de Poesía Tijuana, y el Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines. Ingresó en 2007 al Sistema Nacional de Creadores de Arte de México. Su más reciente publicación es la antología poética bilingüe español-italiano Luce sotto le pietre / Luz bajo las piedras, que el sello Edizoni Fili d´Aquilone preparó de su obra y que apareció el verano de 2020 en Roma, Italia. ♦

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