Entre Fronteras 2024: Recuerdo haber perdido el miedo

 

por Antonio León

 

El Encuentro Internacional de Danza Contemporánea Entre Fronteras 2024 llega a su cuarto día de actividades. La comunidad mexicalense, visitantes y profesionales de la danza que forman parte del encuentro acuden al lobby del Teatro Universitario, y el ambiente es inmejorable: familia, grupos de amigos y distintas generaciones de aficionados a la danza se dan cita en la penúltima tarde de este evento.

   Al igual que en la dinámica interactiva vivida con el Colectivo Pausa en Movimiento, se pide al público anotar recuerdos al azar en una lista. En esta actividad de escritura, que recuerda un tanto al libro Me acuerdo, de Georges Perec, se define la ruta que tomará la función de esta noche. Se puede leer a quienes anotan Recuerdo que me gustaba ir al campo, Recuerdo que le tenía miedo al coco o Recuerdo la primera vez que me enamoré. Una serie de datos aleatorios que juegan con la memoria colectiva nos revela el tiempo transcurrido desde un sueño, desde otra forma de pensar, desde otras personas que fuimos hace algunos años.

    Al entrar a la sala, la función ha iniciado sin necesidad de una tercera llamada. El cuerpo de baile se encuentra circulando en distintos ejercicios de nivelación de espacio mientras el público ocupa sus asientos. Hay una suerte de silencio cómplice en la sala. La compañía César Brodermann, encargada de la función, se mueve lentamente sobre y bajo el escenario con influencias de la Danza Butoh y el trabajo de la legendaria Pina Bausch.

    Ningún lugar a donde ir es una propuesta escénica multidisciplinaria que combina, danza, performance, instalación y artes visuales. La pieza explora la idea de construir conexiones y puentes emocionales en momentos de dificultad, encontrando una identidad en nuestras vulnerabilidades. Pero en esta vulnerabilidad, reconocida como quien observa una radiografía de las emociones, no hay temor. La compañía explora la memoria como una extensión del cuerpo, la vuelve de una materialidad entrañable y la hace bailar. Recurre al público como una extensión de su puesta en escena, y descubrimos que los recuerdos que compartimos a nuestra llegada al lobby del teatro son una parte vital de esta experiencia.

    Al final, con algunos integrantes del público como parte de la pieza, se despliegan los textos escritos antes de entrar a la sala del teatro. Los bailarines acortan la distancia con el público y se reconocen en los ojos de quienes también han bailado en sus recuerdos. Y justo en esos ojos se puede leer: recuerdo haberme sentido pequeña, recuerdo el peinado de mi maestra, recuerdo jugar en casa de mi abuela, recuerdo haber perdido el miedo.♠

Fotografías de Armando Ruiz

Antonio León. Maneadero, Baja California. Poeta y cronista. Es editor de poesía en la revista El Septentrión y autor de los libros Busque caballos negros en otra parte (2015) :ríos (2017), Consomé de Piraña (2019) y Drowner (2021). En 2016 fue el ganador del Premio Estatal de Literatura de Baja California, en la categoría de poesía, con el libro El Impala rojo. En 2018 fue becario del Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico (PECDA) en la categoría Creadores con Trayectoria. Actualmente, se desarrolla en el ámbito de la promoción de la lectura y promoción cultural universitaria. Es integrante del equipo organizador del encuentro Tiempo de Literatura, en Mexicali. Cuaderno de Courtney Love (y otros poemas), editado por pinos alados ediciones, es su libro más reciente.

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