Dos poemas de Ricardo Vázquez

 

 

Busco

a las dos de la mañana
el ojo tuerto del desvelo
platico con la humareda del tabaco
hurgo la memoria de los cajones.

Con desesperación tiento
la absurda vehemencia
de tu labranza y tu pupila,
tu acantilado pecho, su menester,
nuestro coito -más mío que tuyo-.

Busco solamente una manera
de estar menos huérfano
en la sucursal del tedio,
una forma digna y silvestre de olvidar.

 

Ataque de Pánico

Con un cetro de zozobra,
el miedo preside mi sangre. De pronto
el terror a quemarropa,
una soga que acomoda
su descalibrada risa en mi diafragma.
Es la hora de patear
perros en la acera de mi pecho,
son las tercas ganas de correr
por la vida de nadie.
Este descomunal temblor
muerde mi espinazo, y apenas
sostengo el sudor con todos mis dientes.
Qué escalofrío manicomio
entre las venas,
qué charco de angustia bajo el brazo.

Respiro y exhalo en tres tiempos.
Fue en la primavera de 2009,
no supe cuándo se me torció
la química del cuerpo: un estímulo inocente,
un calambre hipotalámico
capaz de condensar todo el espanto.
Y vino el susto, con su hormonal urdimbre
a morder los hijares de mi sombra.

Ignoro la hora de esta tarde,
un mareo derrumba mis pupilas
y ya no tengo potestad
sobre mis huesos
ni sobre los girones de mis piernas
ni sobre el saludo de mis manos.
Solo tengo mi estatura de harapo
doy vueltas y me caigo
y pienso con diligencia
en la sed, en el hambre
y en la calma que tarde o temprano llegará.

 

 

Fotografía de Alicia Tsuchiya

 

Ricardo Vázquez (El Soconusco, 1988), es egresado de la ingeniería en biotecnología por la Universidad Autónoma de Chiapas. Ha colaborado en la Revista Cultural La Pulcata (UACM), Liberoamérica y la Gaceta de Literatura La Experiencia de la Libertad. Actualmente estudia la licenciatura en Creación Literaria en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México.

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