Siete lecturas desde la turbulencia

 

por Javier Fernández

 

No nos debe importar demasiado que existan los libros, sino los lectores. Experimentar el acto mágico de la lectura es una simple y llana razón para vivir. Comparto siete lecturas significativas del 2023, un año que resultó empinado, caótico y desafiante. Se presentan los títulos en orden alfabético.

 

El paralelo etíope
Diego Olavarría
Crónica (Premio Nacional de Crónica Joven Ricardo Garibay 2015)
Editorial Lince, 2022
Un recorrido encantador por Etiopía a los ojos de un andariego mexicano atento a zafarse de las inercias del turismo. Olavarría cuestiona el núcleo de lo humano, los vasos que vinculan una sandalia en las calles polvorientas de Adís Abeba con un aula de bachillerato en Filipinas y un opulento plato de sushi en París. Llamémosle, por ponerle nombre, la sémola social, eso natural y profundo que nos conecta a todos. Hablo de todos en el planeta, de todos en la historia. El cronista nos contagia un genuino interés acerca de Etiopía, “una nación que inventó su propio alfabeto en tiempos en los que el resto del continente no había inventado ni el tambor.” Este libro es quizás lo más cerca que estaré de esa nación fundacional, expuesta en El paralelo etíope como cuna y destino de nuestra especie. Las crónicas —frescas, profusas en contexto, deliciosamente escritas— aplican un fuerte zarandeo a los puntos que colocamos sobre las íes de la civilización. Subrayé decenas de estampas conmovedoras en las que sale a flote, sí o sí, la pobreza y sus tentáculos, descrita en sus más íntimos tejidos.

 

La tempestad
William Shakespeare
Dramaturgia
Editorial Aguilar, 1961
Qué obra tan absolutamente genial. Su trama es fascinante, incluso da el gatazo de ser insuperable. Leerla en voz alta es un acto que me debía hace tiempo; en diciembre me di el reverendo gusto, en una edición portentosa con más de mil hojas delgadísimas, finas como la epidermis de una cebolla. Recorría el último acto cuando mi ciudad se vio envuelta en, bueno, una tormenta, así que el librazo fue intervenido por los elementos. Se empapó gracias a mi descuido y a los dados que tira el universo. Ahora lo tengo en rehabilitación, con láminas de plástico entre cada hoja, oreándose en una ventana. “Ten paciencia”, ordenó uno de los monarcas al contramaestre, en pleno furor de la tempestad, y la respuesta fue: “La tendré cuando la tenga el mar”. Así las cosas. Personajes favoritos: Miranda, Ariel, Próspero y Calibán.

 

Lengua dormida
Franco Félix
Novela
Sexto Piso, 2022
Franco pone su granito de arena para romper un mito: no todos los narradores que leyeron La broma infinita de David Foster Wallace perdieron la cordura ni echaron su talento a los perros. Lengua dormida esboza la relación umbilical, ese péndulo apego-ruptura que experimentamos ante el manantial de lo materno. El protagonista nos habla de su madre en modo impersonal: le llama Ana María, Anita, Madre, Ma. Sobresale un pasaje que expone el dilema del lenguaje de los vivos en contraste con lo que sería el hermético lenguaje de los muertos. El tópico, aunque no pasa de ser tangencial, quedó gravitando en mi cabeza. Amé la expectativa de la muerte en la quietud del hospital, con rasgos de asepsia y suero que gotea. Extraordinario el capítulo ‘El idioma de las cosas que faltan’.

 

Llorar de fiesta
Elma Correa
Cuento
BUAP, 2022
Los relatos de Elma Correa ruedan escaleras abajo con la flagrancia de las canicas. Unos prosperan como escarabajos; otros, como ingeniosas máquinas. En definitiva, da gusto hallar una colección de relatos en la que todos funcionan. Esto podría ser una regla en el mercado editorial y sin embargo es una excepción. Con Elma es una bendita costumbre desde que irrumpió en 2018 con Que parezca un accidente, a estas alturas un clásico. Desde la cólera que caracterizó a aquel libro hasta la introspección que se decanta en Llorar de fiesta, Elma acumula en apenas un lustro decenas de excelentes cuentos. Su estupendo flow metaboliza lo mejor de la narrativa norteamericana y latinoamericana, afluentes que hinchan su estilo vehemente y divertido de contar historias. Una autora para quedar enganchado y pedir más. Mención aparte a ‘Sputnik 2’, uno de los mejores cuentos que he leído.

 

Polvo, casi
Alejandra Rioseco
Poesía (Premio Nacional de Poesía Tijuana 2023)
IMAC Tijuana, 2023
Este poemario nació de un torbellino. Sus versos amanecen al filo del barranco y arrebatan la noche como enjambres. Le sostiene un ideario fértil, temperamental, con remansos de paz, fractales y el estruendoso batir de la lluvia. En una estrofa asoman semillas y aves; en otra, barcos antiguos y caballos en tropel. “Anda la palabra sola por la orilla / dejando huellas tras su paso / se agacha, toca con su mano la espuma / y siente un frío que la empuja mar adentro.” La ecuación es luminosa, avasallante. Vibran en todo caso la exquisitez, la explosión vital y el comprobado dominio del oficio. Pienso en el tumulto de los grandes ríos mexicanos que vierten su poderoso cauce entre andenes arbolados y nichos de piedra volcánica. Llega el momento en que uno solo quiere contemplar el torrente desde una banca inolvidable. Nota impecable merecen poemas vigorosos como ‘Postal del agua’ y ‘Bachianas brasileras no. 5’.

 

Tiempo destrozado
Amparo Dávila
Cuento
Fondo de Cultura Económica, 1959
Es hora de posicionar a Amparo Dávila en la vena más elevada del suspenso, al menos al nivel de H.P. Lovecraft. Los relatos de Tiempo destrozado comparten el hálito de premisas contemporáneas de shock psicológico como Get Out o Midsommar, en las que la referencia (la fuente del miedo) es difusa y puede provenir de cualquier parte. No sabemos a ciencia cierta en qué consiste la amenaza ni por qué está ahí: la tensión nos quema las manos, carecemos de asideros y algo siempre se nos queda en el camino. El lector va quedando solo entre la fantasía y el desconcierto que, por lo demás, se ubican en entornos domésticos, lo cual es un agravante exquisito. ‘El huésped’ y ‘Cocina alta’ me llenaron la cabeza de pájaros.

 

Uzumaki
Junji Ito
Novela gráfica
Viz Media, 2013
Leí Uzumaki en una cocina, escoltado por el sereno consorcio de dos gatos. Fue el ambiente propicio para recorrer esta novela primaria y espeluznante, una de las primeras del prestigiado autor de manga horror. Ito nos presenta a Kirie Goshima, una joven atormentada por espirales que infestan el pueblo: éstas emergen, carcomen y engullen primero a individuos misteriosos y, poco a poco, al círculo afectivo de Kirie. Cada espiral se revela en pupilas, en cloacas, en el cuero cabelludo, en el cielo nublado… Con obsesión quirúrgica advertimos las capas en las que enraíza y por las que trasciende la pesadilla, los sutiles mecanismos que la reproducen, su pulso psicótico. La espiral como abominación casi embrionaria termina por apoderarse del universo de Junji Ito y amenaza con desgajar el nuestro. Entonces uno cierra el libro y apela a los gatos para quedar a salvo.

Ilustración de Edward Hopper, «Room in New York», 1932

Javier Fernández (CDMX, 1971) es escritor y comunicólogo. Ha colaborado en blogs, revistas y portales literarios. Obtuvo el Premio Estatal de Literatura en Baja California con su primer libro de cuentos, Si tarda mucho mi ausencia. Otros títulos de narrativa son Señora Krupps, El estadio que naufragó y Seguir a los gansos. En 2019 publicó su primer poemario, Casi lluvia. Actualmente, coordina el programa de fomento a la lectura en la Secretaría de Cultura de Baja California.

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